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Solvencia y superficialidad

• La destreza del director Ridley Scott no logra neutralizar las debilidades de un libreto esquemático.

Red de mentiras
(Body of Lies)
Dirección: Ridley Scott. Reparto: Russell Crowe, Leonardo Di Caprio, Mark Strong, Golshifteh Farahani. Duración: 2:08. Origen: EE.UU. 2008. Calificación: 6.

No deja de impresionar la frialdad con que la industria de cine explota asuntos dolorosos como los atentados terroristas y la compleja situación política en Oriente Medio, para fines meramente espectaculares. A pesar de los grandes talentos involucrados, una producción como “Red de mentiras” no aporta nada valioso a un tema de gran actualidad: simplemente lo utiliza como pretexto, para desarrollar una exótica intriga de aventuras y espionaje.
La trama está basada en una novela de David Ignatius, reportero del diario Washington Post. El guionista William Monahan, ganador del Oscar por “Los infiltrados” (2006), se encargó de adaptar el texto para la pantalla grande. Curiosamente, el trabajo de Monahan es el elemento más flojo de la cinta. Ni siquiera la indiscutible destreza del director Ridley Scott, logra neutralizar las debilidades de un libreto esquemático y poco creíble.
En su cuarto filme a las órdenes de Scott, Russell Crowe encarna a Ed Hoffman, un funcionario de la CIA quien dirige difíciles operaciones desde su oficina en Langley (Virginia). Su intrépido colega Roger Ferris (Lonardo Di Caprio) ejecuta sus órdenes, viajando a cualquier rincón del planeta. Ambos colaboran en una misión delicada: vigilar una célula terrorista que se oculta en Jordania. El propósito es llegar hasta el líder fundamentalista Al-Saleem, responsable de una ola de detonaciones letales en distintos sitios de Europa.
A primera vista, parece que los autores asumen una posición crítica con respecto a la guerra al terrorismo, denunciando las atrocidades que se cometen en ambos bandos. Por ejemplo, se muestra cómo Hoffman toma decisiones arbitrarias que tienen consecuencias trágicas, utilizando incluso los métodos de sus enemigos para concretar sus objetivos. Sin embargo, en el fondo la película recicla una típica fórmula propagandista, donde héroes (occidentales) y villanos (islámicos) se enfrentan en una batalla cuyo desenlace es fácil de pronosticar.
La primera parte de la proyección es la mejor, retratando una situación convulsa con impactante realismo. Luego, el relato se va atiborrando de detalles estereotipados, incluyendo un risible romance entre Ferris y una bella enfermera árabe. Las actuaciones valen: por encima del impecable desempeño de Crowe y Di Caprio, destaca la presencia magnética de Mark Strong, en el papel de un carismático jefe de inteligencia jordano.
Abundan los aciertos: fotografía expresiva, música atinada y un montaje formidable, a cargo de Pietro Scalia. No obstante, “Red de mentiras” queda suspendida entre su indiscutible solvencia técnica y su irritante superficialidad.
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