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Soluciones, no indiferencia


La horrible tragedia que mantiene en duelo nacional hoy a Alemania debería ser motivo de profundo estudio y reflexión, no solo para los habitantes de la ciudad de Winnenden, donde ocurrieron los hechos sino para todo el mundo.

El que un adolescente de 17 años haya disparado con arma de fuego en la escuela donde había concluido sus estudios, matando a nueve estudiantes, tres docentes y a otras tres personas durante su fuga para terminar suicidándose, tendría que motivar a los especialistas del mundo para que llegaran a un diagnóstico y recomendaran la prevención ante esta clase de enfermedad.

¿Qué lleva a un joven a perder la salud mental de tal forma que termina protagonizando semejante tragedia? Es necesario tener presente que no es el primer caso y que otros jóvenes en distintos lugares del mundo han llevado a cabo matanzas parecidas antes de acabar también con su propia vida.

Es probable que los especialistas tengan importantes opiniones que ofrecer al respecto. Otro tipo de padecimientos producen dolor o diferentes molestias que llevan a un enfermo a la consulta con el médico, pero quien comienza a perder su salud mental generalmente no sabe que debe acudir a un especialista y hasta puede resultar marginado por “raro”.

Pero ¿cuánta atención ponen las sociedades a estos “raros”? ¿Hay estadísticas que permitan ver en cuáles sociedades hay mayor cantidad de enfermos mentales y estudios que definan qué los lleva a esa situación?

Por el joven Tim Kretschmer ya no es posible hacer nada. Tampoco por aliviar el dolor de sus familiares. Pero sí se puede convocar a los mejores especialistas del mundo, no para escucharlos y que sus palabras caigan en “saco roto”, sino para que se dicten políticas que lleven a cumplir sus recomendaciones.

Los gobernantes pueden tomar decisiones para promover la salud mental, para una mejor vida en el mundo a partir de la luz que los académicos echen sobre tan delicado tema.

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