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Lunes 31 Diciembre, 2007

Solo las horas de sol


Ahora que 2007 desfallece en sus postreros estertores y que el gobierno nos proyecta un horizonte diáfano y esplendoroso, los costarricenses nos esforzamos por creer en un 2008 verdaderamente radiante que nos permita seguir siendo “vergel bello de aromas y flores”.
Pero también presencian la agonía de este año los heraldos de una posición contraria, empeñados en aplicarle a Costa Rica la tenebrosa sentencia que Dante escribió en el Canto III del Infierno, en su “Divina Comedia”: “Vosotros los que entráis aquí, perded toda esperanza”.
¿A quién creerle? ¿Será que el cáliz de la ira divina caerá sobre nosotros el próximo año o seguirá Dios conduciendo a buen puerto a este, su país amado.
Qué ganas nos dan, entonces, de consultar el Tarot, el Zodíaco o la Runas, sobre el futuro del país, sobre el porvenir de nuestro hogar y el de nuestros hijos. No nos angustia tanto que el nuevo año nos depare acontecimientos incómodos, como la incertidumbre de lo que pueda traernos.
El 6 de setiembre de 1998, en Castelgandolfo, decía Juan Pablo II, papa designado como el de “la labor del Sol”:
“…Si queremos plantearnos bien la vida, tenemos que aprender a descifrar su designio, leyendo el misterioso lenguaje de señales que Dios mismo nos pone en nuestra historia cotidiana. Para alcanzar este objetivo no hacen falta horóscopos ni previsiones mágicas. Hace falta más bien oración, una oración auténtica, que va acompañada siempre por una opción de vida conforme con la ley de Dios”.
Un año se va y otro nuevo nos llega.
El reloj sigue su curso implacable recordándonos la temporalidad del hombre.
Quizás quienes solo ven sombra en el horizonte no sean capaces aún de soportar una gran luz.
“Horas non numero nisi serenas”, reza una leyenda inscrita en un antiguo reloj de sol: “Yo no cuento más que las horas de sol”, significa la bienaventurada frase, en la que se encierra todo el poder que la paz tiene capacidad de desatar.
Se acerca un año decisivo para los costarricenses todos: diputados, magistrados, ministros y ciudadanos; hombres y mujeres, ancianos y niños. Recibamos 2008 con fe en Dios, en nosotros y, sobre todo, en nuestros hermanos. A fin y al cabo, sobre nuestra raza vertió Dios sus amores.
Un año nuevo pletórico de paz, luz y serenidad (nisi serenas) espera a los que creen aún en la bondad: “La bondad hizo serena mi vida”, comentaba el Papa Bueno, Juan XXIII.
Dios bendiga a Costa Rica e ilumine a sus gobernantes. Feliz 2008 a todos lo costarricenses y a quienes comparten con nosotros este retazo de tierra.


Juan Chaves Fuentes