Solo inversión millonaria frenaría crisis carcelaria
El hacinamiento carcelario ya alcanzó niveles alarmantes, ya que existe una sobrepoblación de más de un 50%. Esteban Monge/La República
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RESUMEN EJECUTIVO
La seguridad es valiosa.
Por eso, sería cuestión de aceptar la necesidad de invertir en una serie de medidas, desde la desintoxicación de los prisioneros y la promoción de los programas de capacitación, hasta la construcción de las nuevas cárceles.


En este sentido, la liberación condicional de algunos reos, tal como el Gobierno lo hizo la semana pasada, sería solamente un elemento del plan.
Mientras tanto, estamos enfrentando el colapso de la tendencia de los últimos siete años, en que la población de los reos aumentó en un 75%; sin embargo, la capacidad de alojamiento en las cárceles ha crecido en apenas la décima parte de esta cifra.

 


Todo el mundo está de acuerdo con que la seguridad es valiosa.
Por eso, hay que aceptar la necesidad de que el país invierta en los distintos eslabones que la componen, incluso los programas de capacitación, la construcción de nuevas cárceles y hasta la desintoxicación del uso de drogas por parte de los prisioneros.
Esas son algunas de las propuestas que se han hecho, para enfrentar la crisis de hacinamiento en las cárceles.
Para contar con un plan efectivo, se requeriría una cantidad significativa de recursos, incluida la necesidad de construir los nuevos espacios carcelarios, privilegiando las prisiones de mínima seguridad, que son más baratas y donde se ubica una buena cantidad de reos.
Por otra parte, antes de sacar a un prisionero de la cárcel, que podría volver a delinquir, sería necesario en muchos casos desintoxicarlo del uso de drogas, de acuerdo con Mario Zamora, exministro de Seguridad.
Otra solución tiene que ver con la creación de los oficiales de cumplimiento, sean psicólogos o trabajadores sociales, que les dan seguimiento a los privados de libertad con el objetivo de brindarles a las personas una guía profesional para su reinserción en la sociedad.
Es fundamental también que el Ministerio de Justicia en asociación con universidades, el IMAS y otras instituciones, capaciten a los reos en algún oficio o en el emprendedurismo para que cuando salgan de la cárcel tengan la posibilidad de costear sus gastos, sin necesidad de regresar al crimen.

Paralelamente, se podría pensar en aprobar los incentivos fiscales o las condiciones de préstamo blando, para los empleadores dispuestos a contratar a personas con antecedentes criminales.
No queda claro si los brazaletes electrónicos u otras tecnologías ayudarían a despoblar las cárceles, ya que tienen su costo, además el hecho de que el convicto pueda disfrutar una vida casi normal tiende a molestar a varias víctimas de los delincuentes; por otro lado, valdría la pena estudiar la opción.
En este sentido, la liberación condicional la semana pasada de unos 500 reos no peligrosos por parte del Gobierno, es solo una medida dentro de la solución al problema.
Mientras tanto, el Ministerio de Justicia para el otro año apenas tendrá un presupuesto de ¢95 mil millones para mejorar el sistema carcelario, que en este momento está pagando la cuenta de una desatención de hace varios años.
Desde 2008, la población de los reos aumentó en un 75%; sin embargo, los nuevos espacios carcelarios apenas crecieron en una décima parte de esta cifra.
Se trata de niveles de hacinamiento carcelario inaceptables para los estándares internacionales, ya que tenemos una sobrepoblación superior al 50%. “Es inhumano, cruel y degradante”, dijo Marco Feoli, viceministro de Justicia.

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