Enviar
¿Sólo en Haití?

La reacción ante las desgarradoras imágenes que observamos en la televisión, no se compara en nada a la experiencia de quienes han vivido el terremoto en Puerto Príncipe. Por más impactados que nos sintamos, siempre quedaremos muy lejos del dolor físico, el hambre, el sufrimiento emocional y la angustia de los hermanos haitianos. ¿Qué tal si rescatamos de los escombros algunas lecciones de vida?
Con solo mirar cinco minutos los reportajes sobre esta tragedia, podemos cuestionarnos “¿de qué tamaño son nuestros problemas actuales comparados con los de ellos?” No se trata de ser conformistas ni simplistas, sino de poner en perspectiva la exagerada importancia que, a veces, les damos a situaciones insignificantes que padecemos. Sin referencias como las de Haití, podemos caer en la trampa de la quejadera por pequeños desajustes que saltan en el camino.
De igual modo, hay equipos que convierten en complicado lo sencillo y se entrampan en comportamientos improcedentes, producto de que sus miembros dan demasiada jerarquía a lo superficial y superfluo.
Ver los forcejeos por hacerse de una botella de agua o algún alimento, no hace reflexionar en las piñatas competitivas que a veces tenemos en las organizaciones disputando recursos que sobran, como los conocimientos, el prestigio, y el poder.
La inesperada, violenta y angustiosa muerte de tantos seres amados invita a evaluar cuánto apreciamos compartir cada día, en vida, con quienes nos rodean en el trabajo y en la familia.
Quedarnos en un instante solos y sin lo esencial, como el agua, electricidad, techo, telecomunicación, y alimentos, nos obliga a valorar lo que tenemos, pero sin apego; a no definirnos por la dependencia de lo que tenemos, sino por lo que somos. Quienes hemos visitado Haití sabemos de sus limitaciones materiales, y ahora los efectos del terremoto, son un curso intensivo para valorar tantos recursos valiosos que ni siquiera apreciamos porque creemos que jamás nos desprenderemos de ellos.
Además de la solidaridad material con el hermano país, debemos hacer homenaje a quienes han partido, y la mejor manera es reflexionando sobre lo que nos enseñan para que dejemos de sobrevivir y empecemos a vivir. Así habrá, no solamente en Haití sino también en nosotros mismos, la fortaleza para levantarnos siempre de nuevo por encima del dolor y con la esperanza intacta.

German Retana
[email protected]
Ver comentarios