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¿Socios o súbditos?


Los grandes bloques económicos del mundo dejan, en alguna medida, la tradicional indiferencia hacia América Latina para dar muestras de un cierto interés por la región.
Cada uno lo hace a su modo, según circunstancias e intereses. Estados Unidos, la Unión Europea, China y Rusia lanzan señales de cortejo hacia la zona, la América que no está unida, como la del Norte, más que por una lengua y una enorme riqueza multicultural y natural, con matices particulares en cada país.
La historia de América Latina, especialmente la del siglo XX, está plagada de cortejos de conquista y manejos de todo tipo que, con las excepciones que siempre confirman las reglas, no llevaron más que a despojo y atropello lamentablemente.
Los acontecimientos de la Guerra Fría, frescos aún en la memoria de muchos, polarizó a una gran porción de la población latinoamericana en dos bandos a favor o en contra de las grandes potencias que se disputaban la hegemonía: Estados Unidos y la Unión Soviética. Pero nada obtuvo la región, fuera de experiencia, como no sean sus muertos y torturados.
Hoy América Latina podría preguntarse ¿nos quieren como socios o como súbditos? Y ante esa interrogante, justificada por la historia, la respuesta no la quiere en retóricas viejas ni nuevas sino en hechos muy concretos.
No obstante, la otra cara de la moneda no es menos cierta. América Latina fue terreno fértil para ser utilizado en beneficio o en contra de uno u otro bando ideológico en que se debatían las potencias tratando de lograr la hegemonía.
Y fue terreno fértil, vulnerable, porque viviendo aún una especie de “adolescencia” como sistemas democráticos, algunos de sus gobernantes, sus allegados y oportunistas sumados, se resbalaron por la pendiente hacia el infierno de las dictaduras y la corrupción que tan bien aprovecharon en algunas oportunidades las grandes potencias a quienes no les importó con quién se aliaban sino para qué.
Hoy, que América Latina ansía respeto y trato de socio por parte de potencias que se le acercan hasta con buques y aviones previniendo o planeando la guerra o la paz, deberá demostrar que ha crecido.
Deberá evidenciar una madurez plena de sólida democracia concebida como el mejor sistema para el respeto a los derechos humanos, a las negociaciones justas y a la paz. Deberá demostrar que tiene capacidad para limpiar la casa, mantenerla en orden y exigir trato de socios de igual a igual, en beneficio mutuo.
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