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Sobró apoyo, faltaron goles
Liberianos se quedaron con las ganas de ver triunfar a su equipo

Luis Rojas
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Un muy buen ambiente, pero no el que uno imaginaba fue el que se dio ayer en Liberia con motivo de la final; como que tal vez la disputa administrativa de entre semana apagó un poco el fuego de este partido.
En el sector destinado a los heredianos había campos; muchos de los cuales fueron ocupados por valientes liberianos, que no temieron irse a sentar cerca de los heredianos. ¿Quién dijo miedo?
En las afueras del estadio, a los revendedores que en un inicio pretendían vender los boletos de ¢7 mil, en ¢15 mil, y que se soñaban haciendo su agosto en esta primera final de campeonato nacional en Liberia, les salieron mal los cálculos y acabaron rebajándolos primero a ¢10 mil, luego a ¢8 mil y por último hicieron sopa, y hasta regalaron los que ya no pudieron vender. Por eso decimos, así como locura por este partido, no hubo.
Un aguacero mojó la cancha y se llevó el calor en la hora previa al encuentro y yéndose la lluvia empezó el escándalo de barras, la del herediano en un sector y la de Liberia en todo el resto del estadio.
Un concurso de baile con la comparsa que amenizó, hizo más corta la espera. Todos apostábamos a la morena que movía con lujo casi profesional su cintura, pero la gordita puso empeño, se ganó las simpatías del respetable y le quitó la bola y la bicicleta a quien con sus movimientos de cintura, se creía ya ganadora.
En la
gradería, el aficionado número uno de Liberia, el papá de Willy Eras, reclamaba a todo galillo algunas decisiones arbitrales, pero luego demostraba su amor por los colores pamperos y ponía el tono para corear el Liberia, Liberia, Liberia…
Cerca de los camerinos, lo extraño fue ver al dirigent
e Cristian González a quien le acababan de ratificar un castigo por seis meses y quien en teoría debería estar sentadito y calmadito en algún lugar de la gradería, pero no, por ahí andaba, adentro. Seguro el chino Li y la Unafut no han tenido tiempo de informarle sobre su castigo…
El segundo tiempo se atrasó, porque los organizadores de los concursos se la tomaron muy en serio y no salían de las cercanías del campo de juego y aunque la gente les gritaba de todo, mucho rato pasó para que se dieran cuenta de que ya su show había terminado. “Mozotes” fue lo más lindo que les dijeron, pero “diay”, gajes del oficio.
Y aunque ustedes no lo crean, en este partido que terminó cero a cero, sí hubo una celebración en la gradería y fue liberiana; lo que los pamperos celebraron como si hubiese sido una anotación de su equipo, fue una acción en el segundo tiempo, una bailada que le dio Allen Guevara, al pobre de Andy Herron, allá por la banda derecha, como si ya el montón de goles que desperdició el delantero florense no hubiesen sido suficiente castigo.
En fin todo, quedó para mañana, donde veremos si Liberia se jala otra torta, que sería histórica, o se hace cierto el decir de “Heredia por media calle”.
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