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Urge transformar nuestros procesos educativos y utilizarlos como manantial de innovaciones y motor de cambios culturales que necesita la sociedad

Sobran leyes pero falta cultura

Asuntos problemáticos en nuestra sociedad se buscan solucionar por medio de leyes o decretos cuyo incumplimiento se paga con penas o multas.
Posteriormente, como la gente sigue encontrando portillos o medios para burlar la ley, se aumentan esas penas o multas y se procura hacer operativos para atrapar a los infractores.
Todo un esfuerzo que si bien no puede evitarse resulta completamente ineficiente para alcanzar lo que se busca: que la gente, consciente de las consecuencias de sus actos, cambie su cultura.
Los especialistas en la materia afirman que está demostrado que en los países donde se imponen cada vez más y mayores sanciones para quienes cometen delitos, estos siguen aumentando. Quizás muchos se cometen sin temor a la pena por la seguridad de que el delincuente no será descubierto debido a la impunidad.
En todo caso, pareciera que se ha desnaturalizado el tema, pasando a creer que las penas y sanciones son las que van a solucionar el problema.
En realidad, lo único que puede comenzar poco a poco a bajar el número de personas que actúan contra la ley es un cambio en la cultura y este solo podrá darse por medio de la educación que reciban niños y adolescentes en las aulas y a través de los medios de comunicación.
Está claro que los primeros obligados a dar esa educación serían los padres de familia, pero en las actuales circunstancias son esos padres, en general, justamente los que perdieron el norte y modificaron para mal la cultura. Así las cosas, el cambio deberá producirlo el sistema educativo y eso implica formar educadores que den la talla para esa tarea. Esto es algo que no se puede seguir posponiendo y que a todas luces es de interés público.
Habrá que tomar en cuenta también el uso que se da a ciertas imágenes, estereotipos y otros elementos que contribuyen en gran medida a la degradación de la cultura, las costumbres y la ética.
Si se pierde este enfoque del tema, o no se parte de él, se estará equivocando el camino por ramales con destino infructuoso.
Es por eso que se vuelve tan importante centrar la atención en la educación. Sin embargo, seguimos estancados y sin comprender que el gran paso hay que darlo para transformar nuestros procesos educativos y utilizarlos como manantial de innovación y motor de cambios culturales que necesita la sociedad.
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