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Sábado 15 Junio, 2013

La muerte de Jairo no será en vano porque como indica la Sra. Brett en la lección #16 de su libro : “Defiende a los demás, especialmente cuando no están presentes para hacerlo ellos mismos”


Sin embargo, no lo hicimos

Mi nombre está compuesto por tres palabras y me fue asignado al poco tiempo de haber nacido. Esa era la usanza en los años 40 y 50, y gracias a la tía Eugenia, fui Eduardo por mi tío, Enrique por mi padre y Francisco por el santo del día de nacimiento, y así la fe de la tía que aconsejó a mi madre para que fuera de esta manera, me marcó hasta la fecha y el santo injertó en mi uno de sus dones: el amor a los animales y a la naturaleza.
Menciono esto como referencia y empatía con la vida del joven Jairo Mora, que con su pasión por la protección de las tortugas baulas (Dermochelys coriacesa) y por su sacrificio por la conservación del medio ambiente, se negó a mantener silencio ante la injusticia de la destrucción de estos animales y fue víctima de los que no viven en la verdad y que como delincuentes y asesinos encarnan el mal.
De manera que en busca de la felicidad, he realizado grandes descubrimientos, a pesar de que sé que esta se encuentra en la palabra de Dios, y en todas aquellas enseñanzas de los seres humanos que viven en humildad y trabajando por el prójimo.
Así me encontré con un magnífico libro de la autora Regina Brett, quien escribió el Best Seller del New York Times: “Dios nunca parpadea, 50 lecciones para las pequeñas vueltas que da la vida” y el libro que ahora manifiesto como ejemplo de superación: “Tú puedes ser el milagro”.
La muerte de Jairo no será en vano porque como indica la Sra. Brett en la lección #16 del citado libro: “Defiende a los demás, especialmente cuando no están presentes para hacerlo ellos mismos”, nos obliga a recordar las numerosas veces en que debimos alzar la voz en defensa de alguien, sin embargo no lo hicimos.
Lo anterior, por muchas razones, una de ellas es el temor a ser agredidos. Otra es el respeto a la privacidad de las personas a las que hemos visto maltratar a un ser humano o a un animal, si nos metemos a defender o a reclamar es capaz que “salgamos rascando o chupando” como dicen nuestros padres y abuelos —“usted no se meta”— “a usted qué le importa viejo metiche”.
¿Por qué no hablamos?
Puede ser también, el miedo a estar equivocados. Sin embargo, este silencio y apatía permite que otros continúen siendo agredidos. Así que cuando estemos al final de nuestras vidas en presencia de Dios y seamos juzgados, posiblemente Él nos preguntará, Regina Brett (2012).:
“¿Dónde están tus heridas?
No tenemos heridas-diremos muchos de nosotros.
Entonces Dios preguntará:
¿Es que no hubo nada por lo cual valiera la pena luchar?
Entonces, el sacrificado con sus heridas dirá: “Señor, mis heridas son producto de mi lucha por la conservación de una pequeña parte de tu creación.”
Por lo tanto, el joven Jairo no llegará con las manos vacías.

Eduardo Enrique Cordero Quirós

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