Sin agua, no hay vida
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Los humedales tienen la valiosa función de filtrar el agua, lo que permite formar mantos acuíferos

Sin agua, no hay vida

El Día Mundial del Agua, establecido cada 22 de marzo, no fue este año motivo de alegría para Costa Rica.
El esfuerzo desplegado por el país durante décadas, se ha visto amenazado en los últimos meses por diferentes circunstancias.
Esta conmemoración, a lo sumo, pudo servirnos para confirmar la imperiosa urgencia de perseverar en nuestra lucha a favor del agua, y convencernos de que debemos clamar para crear conciencia en la humanidad entera.

El pasado 20 de abril, la plataforma petrolera Deepwater Horizon explotó en el Golfo de México. Esto, además de cobrarse 11 vidas humanas, provocó un derrame incontrolado cuyas consecuencias sobre el océano aún son insospechadas.
Posteriormente, el 11 de marzo anterior, un megaterremoto se ensañó contra Japón, poniendo en peligro varios reactores nucleares hasta el punto de provocar fugas de material radiactivo.
Las autoridades japonesas detectaron radiación en el agua cerca de la costa y altos niveles de sustancias venenosas en algas.
Incluso, el lunes 21, el Gobierno recomendó a algunas poblaciones no tomar agua de la llave, que mostró más de tres veces la cantidad estándar de yodo radiactivo.
Los objetivos de Desarrollo del Milenio, para cuyo cumplimiento apenas restan cuatro años, dependen en gran medida de garantizar a una población de casi mil millones fuentes de agua potable y servicios de saneamiento adecuados, a fin de reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud materna y combatir diversas enfermedades.
Unas 225 hectáreas del humedal que Costa Rica protege en Isla Portillo-Calero fueron devastadas, según la Convención sobre Humedales (Ramsar).
Costa Rica es la nación de Centroamérica que cuenta con más sitios Ramsar declarados. Más de 300 humedales cubren aproximadamente un 7% de nuestro territorio.
Aparte de actuar como hábitat para muchos seres vivos, los humedales tienen la valiosa función de filtrar el agua, lo que permite formar mantos acuíferos.
Contaminar el agua a sabiendas del daño que se causa, por lucro o retaliación, es retroceder a la época en que el hombre carecía de inteligencia necesaria para dedicarse a actividades que no fueran la depredación, caza y recolección.
En esta época, con plena conciencia sobre la importancia de los recursos naturales, dañar el ambiente significa actuar como el parásito, que no destruye de inmediato al organismo en que se hospeda, pero le va extrayendo nutrientes hasta llevarlo a la extinción.
Por el contrario, lo que debemos hacer es cuidar la naturaleza y emprender nuevos esfuerzos para el camino que nos falta recorrer hasta un desarrollo que no afecte la armonía natural del Planeta.

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