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Lunes 4 Agosto, 2008

¿Sin condiciones para la dolarización?


No debemos renunciar a la solución óptima, solo porque “una dolarización no parece estar en la agenda de este Gobierno” o porque esto “implicaría enviar un proyecto de ley a la Asamblea Legislativa”. Esas no son razones válidas. No comparto el argumento de que es mejor trabajar con lo malo que tenemos (el sistema de bandas cambiarias), aunque sea a un costo sumamente elevado para la sociedad, que el aspirar a la mejor solución posible (dolarizar la economía) y empezar a tomar las acciones para implementarla. El regresar a las minidevaluaciones, como ya se hizo de facto, es aceptar convivir con elevados niveles de inflación y favorecer a grupos específicos en detrimento de la gran mayoría. La libre flotación, simplemente no es viable por las ineficiencias del mercado cambiario, las cuales son imposibles de eliminar. Lo que se encuentra en juego es el futuro económico de la nación y, de manera menos abstracta, el bienestar de los costarricenses. Es un problema real que no tiene color político, ni tinte ideológico y cuya solución beneficiará a todos por igual (no más subsidios disfrazados).
Siempre que se enfrentan decisiones de gran trascendencia, resulta más fácil asumir el cómodo rol de espectador (que no actúa, solamente observa), evitando tomar las acciones necesarias para solucionar problemas. Esa actitud se encuentra profundamente enraizada en la manera de ser del costarricense y la encontramos representada en frases como: “esperaremos a que se aclaren los nublados del día” y “patear la bola hacia adelante”, lo cual significa no tomar decisión alguna. Lamentablemente, en el caso de la difícil situación que atraviesa la economía costarricense, al país no le conviene seguir con los brazos cruzados observando pasivo cómo se descalabra el sistema económico.
Existe ya un amplio consenso en cuanto a que el experimento con las bandas cambiarias fue un fracaso. También se ha reconocido que las maniobras para intentar mantenerlo vivo artificialmente, como las reducciones en las tasas de interés y las intervenciones dentro de las bandas, tuvieron enorme costo para la sociedad. Este ha comenzado a hacerse evidente en los niveles de inflación, deterioro de las carteras de crédito, pérdidas por movimientos abruptos en el tipo de cambio, caída en la inversión (tanto nacional como extranjera), grave deterioro de la balanza comercial y desaceleración del crecimiento económico. ¿Cómo justificar, entonces, que lo que más conviene a Costa Rica es seguir en lo mismo?
Tomar acción en un régimen democrático es difícil. Implica discusión libre y abierta de los principales problemas que enfrenta la sociedad y crear los espacios necesarios para adoptar las mejores soluciones. Querámoslo o no, llegó el momento de tomar la decisión trascendental de romper con el letargo que se apoderó del manejo de la política económica. Todos los costarricenses estamos llamados a hacer ese cambio posible. De no hacerlo, compartiremos la responsabilidad por las consecuencias.

Luis E. Loría
Investigador IICE-UCR
[email protected]