Enviar
Miércoles 17 Febrero, 2010

Simplifiquemos trámites

Complace que se haya generado discusión para tratar de eliminar de la nueva Ley de Tránsito el requisito para obligar el registro del examen de sangre en la licencia para conducir. Se trata de un requisito totalmente innecesario pues difícilmente un médico o un hospital se van a arriesgar a validar esa información en caso de que un accidentado necesite una transfusión sanguínea.
A veces tendemos a complicar las cosas adicionando requisitos, de buena fe, pero lo único que logran es encarecer los servicios y/o frustrar a los usuarios. Por eso en buena hora se está ante una reforma a la ley que se aprobó con muchos errores. En realidad, todo el examen médico que se practica como requisito previo a obtener o renovar la licencia es innecesario.
La verdad es que no conozco si las autoridades de gobierno llevan un registro del número de personas a quienes se les ha negado la licencia por no pasar el examen médico. Mientras me correspondió trabajar para el Ministerio de Obras Públicas y Transportes nunca recibí información o queja de parte de algún afectado.
Por el contrario, en 1998, recién iniciado mi periodo como ministro de Obras Públicas y Transportes, mi hijo Rodolfo José (QdDg) se acercó a mi despacho a presentarme una queja: había ido a renovar su licencia y cuando fue a cumplir con el examen médico, el guarda de un parqueo le informó que no estaba el médico, pero que no debía preocuparse, que de todas maneras él tenía fórmulas firmadas en blanco y podía llenarlas. Por supuesto que tenía toda razón de quejarse. Se ponía en evidencia el abuso y la broma que significa tal requisito.
En el proyecto de ley que presentamos a las pocas semanas, para endurecer el costo de las infracciones, propusimos eliminar del todo el examen médico. En Estados Unidos, por ejemplo, solo se solicita un examen de la vista la primera vez que se obtiene la licencia. Al final los diputados decidieron otra cosa y ni se endurecieron las sanciones ni se modificó lo relacionado con el examen médico.
Por el contrario, he observado que en las discusiones sobre cambios a la Ley de Tránsito se ha pretendido ampliar el alcance de los exámenes, incluso se ha propuesto analizar el perfil sicológico de cada conductor.
En este tipo de exigencias inútiles, lo mismo sucede, por ejemplo, con algunas que han establecido las autoridades del MOPT para la revisión de vehículos, que por ridículas, lo único que consiguen es generar malestar de la gente, que equivocadamente les atribuye la responsabilidad a los empleados o a la empresa contratada para brindar el servicio de revisión vehicular.
Es que algunos no han entendido, incluso varios políticos y hasta funcionarios públicos, que la revisión vehicular es un programa del gobierno, dirigido por el gobierno, controlado por el gobierno, que fue puesto bajo contrato en manos de un operador privado porque se determinó, en su momento, que es la manera más conveniente y eficiente para resolver la obligación legal de practicar una revisión anual a todos los automotores. Y agrego, quienes tomaron esa decisión, pensaron lo correcto, aunque yo estuviera en desacuerdo, posteriormente, con determinados términos del cartel de licitación.
Si en estos procedimientos se revisan y eliminan varios requisitos, de seguro que se va a reducir sustancialmente el porcentaje de rechazo que se produce cuando se llevan los vehículos a la revisión anual. Pero lo cierto es que cuando un vehículo tiene fallas importantes, que atenten contra la seguridad del vehículo o contra el medio ambiente, no va a pasar la prueba hasta que esta no se corrija. El rechazo es sinónimo de la conveniencia de la revisión de vehículos. Es todo lo contrario a lo que sucede con los exámenes médicos, donde no existe el rechazo y esto es sinónimo de que el requisito es innecesario.

Rodolfo Méndez Mata
Ex ministro de Obras Públicas y Transportes