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Sábado 2 Febrero, 2013

Es tiempo de que, como sociedad, partamos de la premisa de que la pobreza cualquiera que sea su magnitud ha dejado de ser éticamente aceptable, al igual que la esclavitud


Siguen la pobreza y la desigualdad

De acuerdo con el XVIII Informe del Estado de la Nación nuestro país no avanza en la disminución de la pobreza y se mantiene en el 21%. En los últimos diez años, solo en un año se pudo disminuir la pobreza, y se ha incrementado o se ha mantenido en mismo nivel, pero incrementándose el número de pobres.
Se indica en dicho informe “que las buenas oportunidades generadas por el crecimiento económico se distribuyeron de manera desigual: nuevamente se registró un crecimiento de la desigualdad de ingresos, su concentración en sectores minoritarios y su deterioro en la desigualdad en la distribución del ingreso, cualquiera que sea la forma de medirla, continúa incrementándose y mostrando una clara concentración en los grupos más adinerados.
En los últimos 20 años nuestro país no ha podido lograr reducciones sostenidas en la pobreza, que sigue afectando a uno de cada cinco hogares. Cabe señalar que en 2011, un total de 287.367 hogares vivían en pobreza total y 85.557 en pobreza extrema, por lo que no podían satisfacer sus necesidades alimentarias.
Esto nos debe llamar a reflexión. Más allá de los fracasos en los programas para disminuir la pobreza, los sectores sociales menos favorecidos, es decir los pobres de las ciudades y del campo, comenzaron a concebir al gobierno como una fuente de donaciones económicas, es decir una instancia capaz de garantizarles el progreso por la vía de sus obras, sus subsidios, sus dádivas y sus acciones encaminada hacia la redistribución de la riqueza.
Uno de los aspectos en lo que más han fallado los programas sociales, es en concebir la pobreza solo desde el punto de vista económico, cuando deberían considerarse aspectos como la educación que es el motor para salir de la pobreza, los valores y enfoques integrales que impliquen empleo, vivienda, salud, tierra, producción y mercado de los productos en el caso de los pobres de las zonas rurales. Asimismo se determina una gran falta de capacidad de ejecución de los entes del sector social, no se logra mucho con hacer buenos planes si estos no se ejecutan, por lo que las entidades deben enfocarse a resultados y a obtener productos y servicios eficaces para realmente disminuir la pobreza.
Una respuesta adecuada sería conseguir altas tasas de crecimiento económico y al mismo tiempo asegurar que los pobres puedan participar de dicho crecimiento, es decir lograr el desarrollo económico.
Es tiempo de que, como sociedad, partamos de la premisa de que la pobreza —cualquiera que sea su magnitud— ha dejado de ser éticamente aceptable, al igual que la esclavitud.
Como costarricense, como cristiano y como socialdemócrata la erradicación de la pobreza en Costa Rica es un deber ineludible e impostergable y también la reducción de la desigualdad. "Una casa dividida contra sí misma no puede mantenerse", advertía Abraham Lincoln.”

Bernal Monge Pacheco
Consultor