Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 9 Junio, 2008

Signos de seducción

Claudia Barrionuevo

La semana pasada fui invitada a un programa de televisión matutino para hablar de la comunicación no verbal en la seducción. Según me explicó el conductor había sido escogida por mi oficio de directora de teatro: suponía que en mi campo laboral es indispensable ser un buen observador. Aunque es cierto que mi trabajo y mi curiosidad han desarrollado en mí la capacidad de análisis del entorno, no soy una experta en el campo de la comunicación ni en el de la seducción. De manera que me puse a investigar sobre el tema antes de asistir a la cita.
Aún conservo los libros de mi primera época universitaria. En los 80 la semiótica ya se había extendido al campo teatral y nos aseguraba que todo en el escenario enviaba un mensaje. Por lo tanto a la hora de producir un espectáculo no podemos ignorar la importancia de los objetos (utilería, vestuario, escenografía, etc.) y debemos potenciarlos como signos. De la misma manera toda comunicación no verbal producida por los intérpretes produce significados.
Aunque —por supuesto— la comunicación no verbal existe desde el nacimiento de los seres vivos —no solo los humanos pues los animales también expresan sensaciones y sentimientos a partir de la gestualidad, las expresiones faciales y la postura— el estudio de esta forma de comunicación surgió luego de la Segunda Guerra Mundial, liderada por antropólogos, zoólogos, sociólogos y etólogos.
Desmond Morris causó furor en los 60 con su libro sobre la conducta animal —y por lo tanto humana— “El mono desnudo”. Veinte años después un nuevo estudio del famoso inglés —“El cuerpo al desnudo”— ilustraba con fotos los signos de la comunicación no verbal innatos y aprendidos.
El estudio de la comunicación no verbal se aplica a muchas áreas profesionales y es conveniente conocer los significantes y sus significados para mejorar los resultados de ciertas prácticas.
Descubrí —a propósito de mi nueva investigación sobre la comunicación no verbal— que existe una gran cantidad de nuevos estudiosos en este campo que se han abocado al análisis de los signos de seducción. Sin embargo, a simple vista, no parecen haber descubierto nada que no sepamos: los gestos, posturas o expresiones faciales que percibimos como seductores, de manera consciente o inconsciente, son intrínsecos al comportamiento humano. Todos ellos tienen relación, sin lugar a dudas, con las diferentes culturas y —por supuesto— con la evolución de las costumbres de cada sociedad. De manera que según el lugar geográfico algunos aspectos varían y a medida que los años pasan y las modas cambian se agregan o eliminan símbolos de seducción.
Y si bien es cierto que descubrir y/o aprender el lenguaje no verbal de la seducción puede ser útil a la hora de emprender o recibir un “ataque” de quien nos resulta atractivo, lo mejor es dejarse llevar, sentir, vivir el momento y no convertirse en un analista intelectual de la situación, restándole espontaneidad al instante único e irrepetible de la seducción.
Cuando vivamos esa experiencia, disfrutémosla. Que la analicen otros. Los que gozan observando y estudiando el comportamiento humano.

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