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Lunes, 19 de noviembre de 2018



EDITORIAL


Sí o no a las urnas

| Jueves 03 octubre, 2013



La oferta de los partidos políticos puede marcar la diferencia. Si esta excluye al votante, si no atiende sus problemas, es probable que él también se excluya y no asista a las urnas


Sí o no a las urnas

Tal parece que arranca una nueva campaña electoral en el país de un modo diferente a como muchos auguraban hasta hace poco. Podríamos estar equivocándonos, pero por el momento al menos esa es la percepción.
La tradición del llamado “voto familiar” en Costa Rica, que llevaba la gente a votar por quienes lo habían hecho siempre sus padres y abuelos, parece estarse acabando.
Esa tradición no invitaba a pensar y analizar partidos y programas, sino a perpetuar costumbres familiares. Quizás creíamos todavía que el solo hecho de haber logrado una democracia como la nuestra, era suficiente para festejar más que pensar.
Hoy sin embargo esa democracia ha madurado y producido cambios, para lo que ha tenido que entrar en crisis, como suele suceder.
Pero lejos de lo que se piensa al ver tanta gente aparentemente desinteresada en ejercer el derecho al voto, podría resultar que lo que se acabó es esa forma casi automática de ir a las urnas. Ojalá que sea así. Que los votantes estén pensando.
Si bien no se puede asegurar —podríamos estar equivocándonos— quizás comienza, aunque sea lentamente, una etapa más madura en la que los votantes quieren escuchar y analizar lo que les dirán todos los partidos y, tal vez, decidirse luego por el que más atienda y proponga satisfacer de modo creíble sus más importantes problemas. Claro, están igualmente preparados para no soportar engaños.
Tal vez, sin embargo, si esa oferta no llega por ningún lado, opten por no votar.
Si bien pueden subsistir personas que se mantendrán dentro del “voto familiar”, parece haber una gran cantidad de jóvenes entre los 18 y los 30 o 35 años, que están decepcionados pero dispuestos aún a escuchar.
Eso sí, los mensajes deberán ser muy claros y creíbles, además de dirigirse a los verdaderos problemas de una gran parte de la población como el desempleo, la dirección y administración de la Caja, la educación, el caos vial y la inseguridad, entre otros.
Quien haga ofertas importantes y viables, detallando cómo se atenderían esos problemas, bien podría animar a los actuales desanimados.
Un joven que piense que tendría mayores oportunidades para una vida digna, que si se enferma podrá aspirar a atención médica de calidad en vez de agravarse o morir en una lista de espera, que podrá actualizar y reencauzar sus conocimientos para obtener un empleo o volverse él mismo empresario, es tal vez un joven dispuesto a dar el voto a algún partido en las próximas elecciones.
Sin embargo, si la oferta lo excluye, si no atiende sus problemas, es probable que él también se excluya y no asista a las urnas.