Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 7 Agosto, 2008

De cal y de arena
Si sigue así, esto estalla

Alvaro Madrigal

Si la plutocracia sigue aumentando su dominación sobre la economía y la política en Costa Rica, “esto estalla”. Así, lapidaria y contundente, fue la advertencia hecha por ese tribuno de nuestra democracia, el general Jorge Volio Jiménez, allá por 1921. Hoy, probablemente estaría expresándola de nuevo, dado el significado del dominio económico, político e institucional impuesto por una oligarquía que se comporta de forma distinta para asegurarse el mismo fin: los centros del poder dominados y a su servicio. Si ayer conspiraba abiertamente y metía de lleno su puño para tumbar gobiernos o traerse al suelo procesos reformistas, hoy repite la astuta jugada de Ulises en Troya. Si ayer conspiró para tumbar al presidente González Flores, hoy no necesita promover la insurrección para aniquilar incómodas reformas tributarias. Si en 1948 demandó infructuosamente de José Figueres abrogar las Garantías Sociales, hoy no tiene que aventurar un igualmente “afrentoso” resultado. Todo fue apoderarse de los centros de poder para acabar con el monopolio de las cuentas corrientes bancarias y para desguazar al gobierno hasta dejarlo incapaz de cumplir con los mandatos del Capítulo de Garantías Sociales de la Constitución Política. Sin el desgaste y los riesgos de las acciones de 1917 y de 1948. Más reproductiva resultó la vía de la dominación de los centros de poder (poderes públicos, partidos políticos, medios de comunicación) que fueron copados con el consentimiento de dóciles y concupiscentes personajes. Desde ahí ha multiplicado esa oligarquía lo que ya era un tremendo poder, solo que ahora extendido a la política y con las herramientas suficientes para inducir la conformación del modelo de país a gusto suyo. De ahí resulta la flacidez del sistema político costarricense, con partidos débiles y subordinados a fuerzas muy poderosas. Ese es el reino de la oligarquía, cuadro idílico caramente buscado y que va a defender con la determinación de “la ley de hierro” que le es propia. Es una candorosidad creer que la oligarquía va a entregar la plaza capturada no precisamente en las urnas.

Ya no están aquellas recias figuras tan influyentes en la definición de nuestra democracia y nuestro modelo de país que pudieran salirle al paso. El Ricardo Jiménez que bien clara tenía la importancia de la gran división de la propiedad en la democracia costarricense y por cuya preservación clamó al tiempo que hacía ver a la clase pudiente la necesidad de allanarse a compartir con el Estado sus ganancias (Mensaje Presidencial, 1/V/26). O el Calderón Guardia que, como dice en sus notas biográficas, lejos de gobernar atendiendo a los intereses creados y perpetuando privilegios e injustos tratos económicos, dictó la Reforma Social. O el José Figueres que tiró la puerta a las narices de quienes le pedían derogarla. “Las Garantías Sociales existentes —dijo por medio de su Ejército el 19/IV/48— no sólo serán respetadas sino también aplicadas en forma efectiva en todos aquellos aspectos en que no lo han sido todavía y el Código de Trabajo no sufrirá modificación negativa a los intereses de los trabajadores; por el contrario, será perfeccionado a favor de ellos”.