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¡Sí se puede!

• El joven cineasta costarricense Miguel Gómez entrega una inesperada y prometedora ópera prima

“El cielo rojo”

Dirección: Miguel Gómez. Reparto: Ricardo Rodríguez, Allen Obando, Mauricio Dapena, Edgar Román. Duración: 1.23. Origen: Costa Rica 2008. Calificación: 7.

La relevancia de “El cielo rojo” va mucho más allá de su buena calidad. Sienta un precedente histórico, refutando de una vez por todas un viejo refrán acerca de la creación cinematográfica en Costa Rica. La noción dominante es que los costos de producción son demasiado elevados y el mercado es demasiado pequeño, por lo cual es casi imposible hacer una película aquí.
El joven cineasta costarricense Miguel Gómez demuestra que sí se puede, entregando una inesperada y prometedora ópera prima. Según las notas de prensa, el presupuesto asciende a $4 mil, una cifra irrisoria para cualquier latitud. No se trata de un milagro, sino de una inteligente utilización de tecnologías modernas (léase: vídeo digital de alta definición) para el rodaje y la proyección.
Por primera vez, amplias porciones del público nacional se identificarán con los personajes y las situaciones que se observan en pantalla. Gómez tuvo la acertada idea de relatar lo que conoce mejor, plasmando en imágenes su propio mundo. Como resultado, de cada escena desprende una absoluta sinceridad.
Manuel es un muchacho perteneciente a una familia medio-burguesa. Acaba del salir del colegio y todavía no sabe qué hacer con su vida. Su madre lo presiona para que escoja una carrera universitaria, pero él no tiene las ideas claras. Por el momento, prefiere disfrutar con sus tres mejores amigos, aunque en el fondo sabe que —tarde o temprano— tendrá que tomar una decisión.
El autor captura muy bien la desorientación de una juventud insegura ante la falta de perspectivas para el futuro. A veces, la película parece reflejar esa indecisión, pues le cuesta encontrar su rumbo y se torna reiterativa.
El elenco está integrado por actores no profesionales, quienes aportan mucha espontaneidad y veracidad a sus roles. La vulgaridad del lenguaje verbal no es una concesión a la chabacanería, sino que reproduce de manera fidedigna la forma en que los jóvenes ticos se expresan entre ellos. Eso sí, se percibe cierto desequilibrio en el análisis de caracteres: la definición de los cuatro protagonistas es precisa, mientras que las figuras femeninas y los adultos están desenfocados.
La narración sufre algunos pasos en falso, incluyendo los pormenores de una violación, la cual está tratada con excesiva ligereza. Por otra parte, hay intuiciones realmente brillantes, como una onírica secuencia de abstracción, acompañada por un tema del grupo Bruno Porter. Por cierto, la banda sonora ofrece un válido compendio de rock 100% costarricense.
“El cielo rojo” lanza una señal de esperanza para todos los aspirantes a realizadores, sorprendiendo además con su frescura y solidez formal.
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