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Jueves 8 Mayo, 2014

Cuando lo que persiste es el miedo, en las relaciones interpersonales, ese jefe no es un “príncipe”, ni un “rey”; por el contrario, saca a relucir sus faltas


Señor jerarca, ¿prefiere ser temido o amado?

Quien me comentó el asunto que contaré prefiere permanecer en el anonimato; no obstante, siendo que comparto el malestar, procedo a transmitir su opinión:
“Ahora que se avecina la entrada del nuevo Gobierno, la esperanza de contar con jerarcas atinentes a los cargos y con verdadera calidad humana, surge de nuevo.
Después de tener varios años dentro de la administración pública, me he percatado de que existe un sentimiento generalizado, de que la llegada de una nueva figura jerárquica institucional, representa para los funcionarios, un pesado trajín que cada cuatro años deben afrontar.
Aunque por otro lado, representa además un alivio el ya no tener que “soportar” a aquella persona designada en tan importante puesto.
Siendo esto un factor común, cabe preguntarse: ¿Por qué se pierde el respeto en las relaciones humanas cuando se tiene poder?
En nuestro país, pareciera que se aplica frecuentemente la filosofía de Nicolás Maquiavelo plasmada en su obra “El Príncipe”. En dicho trabajo surge la controversia sobre qué es mejor, si ser temido, o ser amado. Y se arriba a la conclusión de que ante tales circunstancias siempre es mejor y más seguro, ser temido que ser amado.
Dicho panorama genera un gran malestar, por cuanto es cada vez más frecuente escuchar, ser testigo, o incluso lidiar con la soberbia y crueldad de nuestros líderes, cuando el objetivo perseguido debería ser el contrario.
Una vez escuché a un profesor de la universidad decir que “la función pública es una vocación”. Tanto me apropié de la expresión que la comparto y la creo. Más allá de un discurso político está el convertir en una convicción propia la misión de las entidades que representamos y de las cuales formamos parte. Por dicha razón, no puedo compartir el pensamiento maquiavélico de que debe prevalecer el temor en las relaciones jerárquicas como sinónimo de respeto, para poner en marcha aquellos fines institucionales que van a contribuir al mejoramiento del país.
En cualquier relación de subordinación, considero que uno de los roles principales del superior es definir la Ruta Crítica a seguir para el cumplimiento de metas.
No obstante, cuando lo que persiste es el miedo, en las relaciones interpersonales, ese jefe no es un “príncipe”, ni un “rey”; por el contrario, saca a relucir sus faltas.
El trabajo en equipo no va a ser tan productivo; y por último, convierte a esa persona en un extraño o un enemigo, lo cual dificulta la dinámica de cooperación que debe imperar en cualquier institución pública o privada.
En consonancia con lo que señaló en su discurso, al ser elegido como contralor de la República el señor Alex Solís, yo aspiro a que las personas liderando las instituciones públicas de Costa Rica, sean Funcionarios Públicos de Lujo, no afanados en el poder que se les ha otorgado, sino conscientes del privilegio que poseen y de la necesidad de generar un ambiente positivo entre sus colaboradores.
¿Usted señor jerarca, qué prefiere ser?”

María Solano Rojas

Terapista del Lenguaje