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Miércoles 19 Diciembre, 2007

Señal que cabalgamos

Lic. Humberto Pacheco A.

Los diputados de don Ottón, entre los que se cuenta un comunista reciclado y un diputado no pensante a quien en ocasión anterior reclutaron para que, sin siquiera conocernos, nos vilipendiara en el Plenario, vuelven a salir en su defensa porque no les gustó que criticáramos lo que escribió su jefe. El ejemplo de Cuba y Venezuela, acallando medios y opiniones contrarias, les ha servido de inspiración para tratar de silenciar a sus oponentes.
Nada de esto es nuevo. Ya por criticar a ese Partido la fracción del PAC nos había acusado de patrocinar una fábrica de armas, pese a nuestro bien documentado desprecio por todo lo militar, porque un asociado renovó una marca de fábrica (al ver lo ridículo de lo que dijeron cambiaron su son); y de tratar de sobornar al Presidente con una contribución legítima a su campaña política legalmente reportada al Tribunal Electoral (ésta la pretendieron relacionar con un tema marítimo con el que no teníamos ninguna relación, de paso ofendiendo también al Presidente).
Les molesta que no compartamos su política de engaño y de violencia callejera y su fidelidad chavista, que no otra cosa fue el engaño sin misericordia que le recetaron al pueblo a propósito del referendo al TLC.
Se enojan de que a alguien le parezca hueco el manifiesto de marras. Y confunden nuestra diáfana posición. Nunca hemos pretendido ser columnistas imparciales. No nos gustan las medias tintas. Tenemos muy claro y transparente lo que queremos para nuestro país y cuando un gobierno lo impulsa, lo apoyamos sin comprometer nuestra independencia. Pero esto también molesta a nuestro atacante porque sabe que nos hemos apuntado a un Presidente ganador al que también han denigrado.
El insulso documento de don Ottón, a quien algún día erróneamente consideramos material elegible en Liberación, no es un trabajo para los anales patrios ni mucho menos. El que lo dijéramos enojó a su oficioso defensor, quien sugiere que nos gustan los documentos “light” (¿en inglés? My God!). Sí ese señor tuviera la más remota idea de lo que hay que estudiar a través de una larga vida- documentos, códigos, tratados, escritos y convenios catilinarios- para llegar a ser un abogado de buen nombre, catedrático de una universidad norteamericana y especialista en derecho tributario internacional, se daría cuenta de la simpleza de su gracejada. Pero bueno, el señor es diputado y en ese foro el estudio no es la norma.
No tenemos el menor interés de seguir adelante con esta estéril discusión. Hay temas nacionales mucho más importantes que abordar y a eso continuaremos dedicados. Sólo el respeto que nos merecen nuestros amigos y los muchos lectores que nos enviaron su apoyo nos motivó a sacar el ratito para desvirtuar este nuevo ataque a la libertad de disentir.