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Jueves 13 Noviembre, 2014

Debido al alto precio del frijol, el gobierno exonera la importación del pago del arancel mediante decretos de desabasto


Seguridad alimentaria y competitividad

Cómo entender la competitividad del sector agropecuario, principalmente la del sector que provee la canasta básica, arroz, frijoles y leche.
Me baso al escribir este artículo, en una noticia publicada por el periódico LA REPÚBLICA sobre el nivel de desempleo en Costa Rica.
Ese 8% de desempleo que nos coloca en el ranking mundial por encima de potencias como Francia, Italia y Polonia y también superando a países vecinos como Colombia, debe enorgullecernos y ponernos a pensar que eso se logra apoyando la producción nacional.
El objetivo del país debería ser promover al máximo la producción nacional sin que esto afecte el precio final de los bienes.
La competitividad de un sector debe de medirse por su desempeño total, por el precio al que se le ofrece el producto al consumidor y por su calidad.
En el Uruguay, país que oferta arroz industrializado más barato, el productor recibe $250 por TM y el consumidor paga $1,41 por kg. En Costa Rica el productor recibe $555 por TM y el consumidor paga $1,21 por kg.
El modelo de Costa Rica es 66% más eficiente que el modelo uruguayo, pagando un precio justo al productor, sin afectar el precio final.
¿Cómo se logra que estos modelos funcionen de manera sostenible? En el caso del sector arrocero, se ha logrado mediante el mecanismo de fijación de precios de sustentación al productor y precios máximos para el consumidor.
En el caso de la leche, mediante la intermediación de una cooperativa ejemplar como lo ha sido la Dos Pinos. Esta sería la solución para sustituir la fijación de precios, fortalecer las cooperativas de agricultores para que puedan industrializar sus productos y para que las utilidades queden en manos de los productores y no de los intermediarios.
El riesgo de desproteger estos modelos y someterlos al embate del mercado internacional está reflejado de manera didáctica por el caso del frijol.
Desafortunadamente, frijol ha sido la otra cara de la moneda, se desprotegió al productor de frijol y este no soportó el ácido de la competencia internacional, el país pasó de ser autosuficiente en su producción de frijol a importar un 75% del frijol consumido. El resultado es catastrófico, al productor se le ofrece un precio que no lo motiva a producir y el consumidor paga un precio mucho mayor del que pagaba anteriormente.
Muchos empleos se perdieron sin ningún beneficio para la sociedad, ni siquiera los impuestos de importación, porque debido al alto precio del frijol el gobierno la exonera del pago del arancel mediante decretos de desabasto.
Es imprescindible además mejorar la productividad agrícola principalmente en el caso del arroz y del frijol, para que el productor pueda convertir su actividad en una empresa lucrativa que le permita vivir dignamente.
Entendamos entonces que la competitividad de un sector no se debe medir por los bajos precios que se le paguen al agricultor, se debería valorar por el precio final del bien y por la menor intermediación posible.

Fabio Chaves Chaverri
[email protected]