Seguridad alimentaria en jaque
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En cinco años alimentos importados pasaron del 40% al 60% del total
Seguridad alimentaria en jaque

Futuro dependerá de controles internos y cambio de mentalidad

Contrario a lo que dicta la vocación agrícola que tiene el país, en Costa Rica se ve cada vez más lejana la posibilidad de garantizar la seguridad alimentaria general a través de la producción local.
La brecha entre la parte de la dieta que se importa y la que se produce en suelo tico, se ha ampliado en favor de las compras.

En contraste, las autoridades alimentarias mundiales advierten la posibilidad de una nueva crisis en este sector en el mediano plazo.
Durante los últimos 12 meses el precio de los alimentos básicos ha aumentado un 11%, empujado por el costo de importarlos o bien por las altas tarifas que se pagan por los insumos para producirlos.
Productos como huevos, pastas y aceite aumentaron más de un 50%, y la harina de trigo, un 80%.
En paralelo, condiciones climáticas difíciles y cambios en las prioridades que dan los gobiernos de países que por excelencia han sido proveedores mundiales de alimentos, agregan negativismo al ambiente.
Tal es el caso de Australia que ha enfrentado en los últimos 25 meses una de las peores sequías de su historia, cosa que ha disminuido sus exportaciones agrícolas en casi un 10%, y el de Brasil, donde gigantescas extensiones que ayer se dedicaban a cultivar caña de azúcar, hoy están pobladas de materia prima no comestible para hacer biocombustibles.
En Costa Rica, los productores de alimentos llevan años exponiendo la problemática que representa el alto precio que se paga localmente por los insumos agrícolas.
Por ejemplo, datos en poder de los productores hortícolas nacionales dejan ver que mientras en el resto de países centroamericanos un saco de fertilizante cuesta en promedio $38, localmente ellos pagan $58.
“A uno le dicen que el precio está alto, porque el dólar está alto. Pero cuando pasan los años y el dólar se ha mantenido bajo, y el producto no baja de precio, entonces uno no entiende”, cuestionó Luis Angulo, cebollero de Tierra Blanca de Cartago.
El precio de los combustibles, específicamente el diesel que utilizan para su maquinaria y para trasladarse entre las fincas, es otro de los elementos que inciden negativamente en la accesibilidad de los alimentos.
Aunque ninguno de los países del área produce el crudo, en todos los demás se cobran tarifas mucho más bajas que en Costa Rica.
Los $4,75 que se pagan localmente por galón de diesel, están bastante más arriba que los $4,09 que pagan los salvadoreños, y mucho más alto que los $3,62 que se pagan en Panamá.
Esos dos factores, además de las garantías que ofrecen los tratados comerciales que ha firmado el país, han inclinado la balanza del sustento alimentario en favor de las importaciones.
“Hace cinco años se importaba no más del 40% de lo que nos comíamos y hoy ya se está importando el 60%”, sostuvo Guido Vargas, secretario general de la Unión Nacional de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios (Upanacional).
Para un país que sabe de agricultura y donde producir los alimentos se hace bien, no debería haber duda sobre la conveniencia de producir la gran mayoría de lo que nos comemos, sentenció Vargas.
El peso de sostener la intermediación en la venta de los alimentos producidos localmente es algo que llevan sobre sus hombros dos sectores: productores y consumidores.
Para los productores es virtualmente imposible tratar de competir contra las redes que controlan los principales mercados.
En la finca, los intermediarios ofrecieron esta semana ¢180 por kilo de papa; mientras que en el supermercado los consumidores pagan entre ¢460 y ¢500 por la misma cantidad.
“Una opción es llevar uno mismo el producto a la plaza del Cenada o a las Ferias del Agricultor”, argumentó Fabián Segura, de la Cámara de Productores de Papa de Cartago.
Lo que pasa es que en Cenada el mismo intermediario es quien le va a recibir el producto, y le paga los mismos ¢180, entonces sale uno peor porque debe asumir el flete. En la Feria, si se quiere cobrar ¢300 o ¢400, le hacen mala cara, agregó el agricultor.
La tendencia no es solo del país, sino que forma parte de una realidad mundial.
En Latinoamérica por ejemplo, se afronta el nivel más alto de precios en los alimentos de los últimos 30 años.
Esta es una situación que puede poner en riesgo no solo los avances en la erradicación del hambre, sino la alimentación de quienes sí tienen acceso a comida.
“Hablamos del (nivel) histórico más alto de los últimos 30 años, tanto en nivel como en volatilidad”, sentenció Alan Bojanic, representante adjunto de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, para América Latina y el Caribe.
En América Latina el 9% de las personas no satisface sus necesidades alimentarias, sobre todo por el alto costo que ello representa.

Ernesto Villalobos
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