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Nunca hubo una verdadera sinergia de las instituciones relacionadas para llevar a la práctica los planes reguladores. Por el contrario, se impulsó un crecimiento desordenado


Se debe terminar con el caos urbano

El fenómeno ocurrido el año pasado en el oeste de la capital recuerda, entre otras cosas, la urgente necesidad de acabar con el desarrollo desordenado en el país.
La porción oeste de la ciudad, según parece, es la que sufrió más las consecuencias de la situación económica del año anterior, que afectó a todos los sectores productivos en el país, de acuerdo con lo informado por este medio ayer.
En ese periodo, por ejemplo, los centros de oficinas perdieron más de 5 mil metros cuadrados de alquiler, especialmente en los segmentos “elite” ubicados en Escazú y Santa Ana; ello pudo estar influido por una migración ya que en el sector este, por el contrario, hubo un crecimiento leve en la cantidad de metros cuadrados de oficinas alquilados.
Más allá de este fenómeno, que algunos atribuyen a que la cercanía con los centros universitarios dio plusvalía al este ya que concentró mucho talento en esa zona, es importante reflexionar sobre la urgente necesidad de acabar con el desorden.
Esta carrera hacia una urbe totalmente desordenada no puede seguir. Se necesita delimitar zonas para cada actividad. Es necesario saber donde deben ubicarse las industrias y donde las viviendas, para poner solo dos ejemplos.
El tema de los planes reguladores ha sido un total fracaso hasta el momento y se ha transformado en dos palabras que en la realidad solo han servido para mencionarlas muchas veces como si solo eso sirviera de algo.
Más allá de los esfuerzos hechos por el Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo hace décadas para elaborar un plan en ese sentido, nunca hubo una sinergia de instituciones relacionadas con el urbanismo como el Ministerio de Obras Públicas, Acueductos y Alcantarillados y ayuntamientos, entre otras, para llevar a la práctica esos planes. Por el contrario, se impulsó un crecimiento caótico.
Hoy estamos ante la urgencia de acabar con ese caos. Se sabe por ejemplo de la necesidad de repoblar los cascos céntricos de nuestras ciudades. Pero ahora la situación es aún más compleja y dependiente de una verdadera y eficiente coordinación interinstitucional.
Por otro lado, sabemos que no habrá buenos resultados en ese sentido mientras no haya seguridad. Es la primera cosa que los ciudadanos piden con angustia a las autoridades. Seguridad para poder organizar su vida en ciudades bien organizadas.
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