Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 18 Noviembre, 2009


¿Se avecina una reforma fiscal?


Es probable que todos los candidatos presidenciales reconozcan que hay que hacer algo con la situación fiscal del país en el próximo cuatrienio. Ninguno va a considerar viable políticamente recortar servicios e inversiones; entonces lo que queda como alternativa es aumentar impuestos.
Hay tres reglas básicas que se deben seguir cuando se formulan impuestos nuevos. Primero, tienen que ser fáciles de pagar y cobrar; segundo, tienen que aplicarse a una base amplia de contribuyentes; tercero, no pueden ser tan fuertes que motiven a la evasión.
Costa Rica tiene una larga historia de establecer impuestos que no cumplen con estas reglas y de tener que rescindirlos después de un periodo de tratar de cobrarlos. Dos ejemplos del siglo pasado son ilustrativos. Uno fue cuando se pretendió cobrar más del 100% al licor. Más de una fortuna hicieron “empresarios” que traían licor de Panamá con “entrega a domicilio” a la mitad de lo que costaba lo mismo en los expendios locales. Los impuestos fuertes a los automóviles fue otra iniciativa equívoca; se convirtió el cuerpo diplomático adscrito a la Cancillería en vendedores de “autos usados.” Recuerdo a un embajador enseñándome un “chuzo” que había guardado sin circularlo, y que ahora lo vendía por el doble de lo que le costó, pero que salía a la mitad de lo que costaría en el mercado local. Al final la Asamblea tuvo que reducir drásticamente esos impuestos que producían poco para el fisco.
Ahora viene el impuesto sobre las “casas de lujo.” Llamamos a la Tributación Directa la semana pasada donde nos informaron que no hay formularios, que no hay establecida una manera exacta para determinar el valor de las propiedades, pero “si el contribuyente no pagara antes del 15 de enero la multa era diez veces lo que era el impuesto.” Viola reglas uno y dos arriba este impuesto.


Uno de los candidatos a la Presidencia anunció que él, como una especie de Robin Hood, va a imponer a los ricos para salir de la pobreza que azota al país. Va a cobrar más a los casinos, a los autos de lujo, cobrar impuesto mundial, y varios más que siempre proponen los que hablan de impuestos “progresivos.” El problema es que todas estas medidas no producirán los recursos necesarios para “eliminar” la pobreza. Lo que realmente hay que establecer, como lo han hecho varios de los países europeos, es un Impuesto al Valor Agregado (IVA). Tiene que ser un IVA que se aplique sin excepciones y en el mismo porcentaje para todos los bienes y servicios. El arroz y el frijol, las visitas al médico, los alquileres, la compra de libros, los honorarios de abogados, los servicios de las publicitarias y las empresas de investigación, y las mensualidades de las escuelas y colegios privados para citar algunos; todos pagarían. Cada excepción que se permite rompe “la cadena” y deja un agujero por donde se perderán cantidades importante que deberían llegar al fisco.
Los “progresistas” argumentan que un IVA es “regresivo,” y tienen razón. Pero daría los recursos que ellos quieren obtener para levantar los miles de familias de la situación de extrema pobreza en que se encuentran. Se requiere mucha valentía para establecerlo. A ver si en la próxima legislatura quieren reforma fiscal genuina, o si quieren seguir con los “nadaditos de perro” de siempre.

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