“Se ha dejado de innovar, de hacer cosas diferentes en el agro”
Se deben concentrar esfuerzos en promover la innovación mediante alianzas público-privadas, dijo Víctor Umaña, uno de los colaboradores de esta sección que se inicia hoy: Nuevo Agro. Esteban Monge/La República
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La agricultura ha sido la pieza clave del desarrollo nacional a lo largo de nuestra vida, su papel hoy sigue siendo relevante, pero hay que adecuarse a los tiempos, reconociendo los problemas que enfrenta y los retos que tiene por delante.

Por esto, LA REPÚBLICA presenta este nuevo espacio en favor de la competitividad del agro, en el que una serie de expertos comentarán sobre la realidad y posibilidades que tiene el sector.

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En esta primera entrega Víctor Umaña, director del Centro Latinoamericano para la Competitividad y el Desarrollo Sostenible del INCAE, explica los alcances que la innovación puede dar para mejorar los problemas que afectan la competitividad del sector.

 

¿Hacia dónde debe enfocarse el agro?

En general se ha dejado de innovar y hacer cosas “diferentes” en el sector agropecuario.

Una innovación o “descubrimiento” puede ser desde un agroquímico más poderoso, la automatización de procesos, un mercado alternativo, una certificación ambiental, un empaque nuevo o hasta, ¿por qué no?, otro cultivo.

Sin embargo, el agricultor enfrenta varios dilemas. Sus actividades son percibidas como más riesgosas y por lo tanto se vuelve más caro el financiamiento. Algunos servicios de apoyo son escasos o no existen al no haber escala o demanda suficiente. Además, muchos de estos descubrimientos son fácilmente copiados.

Así, el retorno de la inversión en innovación es incierto y, por lo tanto, su oferta tiende a ser escasa.

 

¿Cómo resolverlo?

Una forma de enfrentar este dilema es que, mediante un esfuerzo cooperativo, el Estado y el sector privado concentren sus esfuerzos en promover la innovación como un bien público, mediante alianzas público-privadas.

Eso fue lo que Costa Rica hizo hace 25 años bajo el liderazgo de la Coalición Costarricense de Iniciativas de Desarrollo (Cinde) y las instituciones del sector agropecuario.

Se desarrollaron programas para la expansión y diversificación en diversas ramas del sector agroalimentario.

Esto incluyó la prueba de más de 40 nuevas actividades, la investigación de mercados y el mejoramiento de la infraestructura comercial.

Los esfuerzos del programa agrícola de Cinde llevaron al país a convertirse en líder mundial en la exportación de frutas, vegetales y plantas ornamentales. Productos tradicionales como café y banano no se quedaron atrás, y pudieron reinventarse y seguir “descubriendo” nuevas formas, presentaciones, productos y mercados.

Estas actividades comparten haber enfrentado el rigor de la competencia internacional, la formación de alianzas público-privadas, el uso intensivo de tecnologías de punta y la apertura a la inversión extranjera.

 

¿Se ha estancado el agro nacional como sector productivo?

La agricultura sufre mucho los problemas de competitividad que padece el país y que se manifiestan de manera general, recurrente y creciente desde hace un par de décadas.

Su crecimiento es relativamente escaso con respecto a otros sectores de la economía.

Al productor local se le ha disparado en un 40% el costo del componente doméstico de sus insumos, energía y planilla en relación con quienes compiten aquí y en el extranjero.

El déficit fiscal incrementará inevitablemente las tasas de interés y la situación podría acabar en algo más grave.

Hay escasa competencia en muchos sectores importantes, lo que se traduce en rentas excesivas para algunos pocos.

 

¿Cuáles son los principales retos que enfrenta el agro?

Este es uno de los sectores más vulnerables al cambio climático. Por un lado, sufre el embate directo del calentamiento global y la recurrencia de los desastres naturales y, por otro, deberá reducir y mitigar sus emisiones de acuerdo con los compromisos que Costa Rica suscribió en la COP21 de París.

Los problemas de algunas actividades agrícolas destinadas al consumo doméstico, y que compiten directamente con las importaciones, han querido resolverse únicamente mediante la protección que brinda el arancel. Sin embargo, esto ha sido un rotundo fracaso económico, social y ambiental.

La productividad relativa se ha estancado, las rentas del arancel son capturadas por unos pocos, los productores más pequeños no mejoran su bienestar y los consumidores más pobres, que dedican una mayor proporción de sus ingresos a la compra de alimentos, han visto desmejorar su condición.

 

¿Qué hace falta de impulso desde lo gubernamental?

Se requiere una visión articulada y coherente con el desarrollo sostenible, pensando en el aprovechamiento de las ventajas comparativas y con la misión de llevar empleos y progreso a las zonas rurales.

Necesitamos una rectoría efectiva del Ministerio de Agricultura, con el poder necesario desde la Presidencia, para ejecutar los proyectos en el campo.

Hay que enviar a todos los funcionarios posibles a las zonas rurales, para así fortalecer la presencia y solucionar allí, los problemas que enfrentan los agricultores. La innovación para descubrir nuevas y mejores actividades es clave.

El país cuenta con talento humano e instituciones académicas y científicas de clase mundial. Tiene la información necesaria para priorizar acciones a nivel local en zonas de mayor necesidad. Existen recursos financieros ociosos empantanados por trabas burocráticas y dispone de la experiencia exitosa de Cinde y de muchas empresas pioneras.

Debemos deshacernos de falsas ideologías que a lo único que llevan es al fracaso económico, social y ambiental de la agricultura.

 

¿Quién es?

Nombre
Víctor Umaña

Educación

  • Economista agrícola
  • Candidato a doctor en Economía Política Internacional del Instituto Federal de Tecnología de Suiza (ETH Zúrich).

Experiencia

  • Su investigación en el CLACDS se ha concentrado en la coherencia de las políticas públicas para el desarrollo sostenible, sobre todo a la interacción entre la política agrícola y comercial.

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