Nuria Marín

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Lunes 30 Junio, 2008

Creciendo [email protected]
Se apaga un gigante

Nuria Marín

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Recibí con melancolía la noticia del cierre del aeropuerto Tempelhof en Berlín. El Tempelhof es mucho más que un aeropuerto. Es un icono de la Guerra Fría que representa la voluntad de Estados Unidos y el Reino Unido, al que luego se uniría Francia, de enfrentar a su antiguo aliado en la Segunda Guerra Mundial la Unión Soviética en sus planes de posguerra.
Su cierre para octubre de este año es fruto de nuevas realidades. Su ubicación, incapacidad de crecimiento y limitada extensión de sus pistas impiden su uso a aviones grandes lo que provoca pérdidas en su operación (10 millones de euros anuales). Su importancia política desaparece luego de la caída del Muro de Berlín.
Vale recordar que producto de los acuerdos de la Conferencia de Yalta (1943) y Postdam (1945) se dividieron Alemania y Berlín, por su valor estratégico, en cuatro zonas de ocupación determinadas por las posiciones militares de las potencias vencedoras.
El interés común de los aliados era mantener una Alemania débil. Luego resultó evidente que tal decisión solo favorecería los intereses soviéticos, y la urgente necesidad de fortalecer a Alemania occidental. Producto de esta nueva visión, se creó una nueva moneda, el marco alemán y se ideó el Plan Marshall.
En ese pulso entre “aliados,” la Unión Soviética aprovecha la condición aislada de la capital muy adentro del territorio soviético, y con el doble afán de apropiarse del territorio y debilitar a sus contrapartes en el escenario mundial, cierra toda vía de comunicación y abastecimiento terrestre y fluvial hacia Berlín Oeste. Esta decisión, mejor conocida como Bloqueo de Berlín sucedió justamente hace 60 años, en junio de 1948.
En una medida histórica, y sin precedentes en la aviación mundial, se decide abastecer por vía aérea y de manera indefinida a una población de 2,5 millones de habitantes. Está titánica labor requirió el sacrificio en hambre y frío de la población en Berlín pues el abastecimiento pleno tomaría, en el más optimista de los pronósticos, meses. Demandaba además el compromiso en recursos y extraordinaria coordinación de tres fuerzas aéreas, en ese momento en gran medida desmovilizadas, y la cooperación de la población alemana occidental.
El puente aéreo resultó un éxito. Solo en Tempelhof se tuvieron que construir dos pistas en cinco meses (con maquinaria movilizada también vía aérea). En su punto máximo se llegó a la cifra récord de 1.400 vuelos diarios, durante las 24 horas del día, lo que significada un vuelo por minuto en los tres aeropuertos que operaban en Berlín Oeste, Tempelhof, Tegel y Gatow.
El bloqueo oficialmente finalizó en setiembre de 1949. Los soviéticos comprendieron que las potencias occidentales no tenían intención de rendirse.