Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 17 Julio, 2008

Se acabó la luna de miel
De cal y de arena

Alvaro Madrigal

Sí, se acabó. Las sonrisas, carantoñas, besuqueos y complicidades desaparecieron desde que se lanzaron los platos y exhibieron la suciedad de los chuicas. Ya llegará el día en que se revelen las causas de la bronca que ha hecho reventar la enorme burbuja propagandística que se infló para hacer creer que este gobierno de los hermanos Arias es lo mejor de la historia. El propio mandatario terminó siendo víctima del aislamiento en que se sumió, accesible solo para palaciegos y sobalevas portadores de una versión de los hechos a su gusto pero muy distante de la realidad. Vivimos los días en que la Triple Alianza (la del poder político, el poder económico y el poder mediático) tapó, disimuló y maquilló errores y chambonadas porque así convenía a sus intereses, principalmente a su “proyecto-país”, cuando atropelló las voces disidentes, como lo hizo el oneroso aparato propagandístico construido para asfixiar a los objetores del TLC con Estados Unidos y para imponer el miedo. Pero ya la luna de miel voló en mil pedazos y el implacable segmento de la oligarquía económica que domina y manipula medios de comunicación muy poderosos ordenó ¡fuego por todas las claraboyas! ¿Cuál sería la porción del pastel que desató las iras? Las oligarquías —no importa su signo— no perdonan. Tienen su “ley de hierro” según escribe el sociólogo Robert Michels, y defienden a muerte sus cotos. El presidente Arias es parte de esa oligarquía económica, pero no de la mediática de la que bien gozó por un rato.

El gobernante quiere echarle tierra al escándalo de las platas del BCIE y Taiwán que tan alto costo político le está pasando. Pero lo quiere hacer sin reconocer que su gobierno erró en el manejo de las donaciones para fines específicos, no por los contratos de servicios a unos pocos profesionales de indiscutibles méritos sino por la desviación de fondos a fines ajenos, por el inelegante e impertinente favorecimiento a individuos (muchos de pocas luces) ubicados en otras tiendas políticas, y por el obvio propósito de manipular la información periodística para hacernos creer que esta es “la divina comedia envuelta en huevo”, como diría José Marín Cañas. Porque está muy claro que se dilapidaron las platas con largueza en gente ligada con la comunicación y el periodismo. Esto me explica por qué desaparecieron de espacios y producciones periodísticas las críticas y brotaron las voces muy al servicio de las posiciones oficiales y con toda la pinta de ser meras fajas de polea.

El gobierno ha manejado este caso con total torpeza. No quiso entender que la verdad constante en documentos y en hechos revelados por unos periódicos —por causa a establecer otro día— solo podía encararse con la rectificación. Su torpeza hizo estallar la burbuja propagandística que dejó en paños menores al sanedrín de Zapote, a la Corte Suprema de Justicia (donde un magistrado en pleno ejercicio de la función jurisdiccional proclama la inexistencia de la división de poderes), al Banco Centroamericano de Integración Económica y a más de un “científico” de las comunicaciones y el periodismo. No, don Oscar, esto no es un juicio mediático; es una exhibición de hechos y documentos que confirman un estado de cosas similar al de los años cuarentas.