Arturo Jofré

Arturo Jofré

Enviar
Viernes 6 Julio, 2012


Satán disfrazado de educador


Al problema de la pedofilia en la educación no se le ha dado la relevancia social que tiene, a pesar del enorme daño que causa a nuestra niñez y juventud temprana, el cual muchas veces es irreparable. Son vidas que se destruyen en uno de los lugares más venerados, donde confluyen la confianza y la inocencia: el aula, el jardín infantil, el kínder.
El Ministerio de Educación informa que hay más de un centenar de docentes acusados de acoso y abuso sexual, sin faltar casos de abusos deshonestos, difusión de pornografía, violación, comportamiento indecente. Estos hechos se han dado siempre, solo que cada vez hay una mayor tendencia a denunciarlos, pero aun así solo vemos una parte del iceberg.
Niños y jóvenes que temen hablar de estos temas, padres que dudan en denunciarlos, autoridades que miran hacia el lado, son el preámbulo a lo que viene después: procesos que duran años. Hay toda una carrera de obstáculos para que estos hechos salgan a la superficie.
Por eso no se vale abordar este tema escudándose solo en estadísticas parciales. Este tema está siendo tomado con mucha seriedad en países europeos, en Estados Unidos y algunos países latinoamericanos. Otros, como en nuestro caso, están adormecidos.
En Alemania, el Proyecto de Prevención Dunkelfeld, que trata tanto a pedófilos potenciales como a los que ya han delinquido, llegó a una conclusión que es ampliamente avalada por los expertos en el tema: no existe evidencia clínica ni empírica de que la estructura de la preferencia sexual por los niños se pueda llegar a cambiar durante la vida. El doctor Alfredo Calcedo de la Universidad Complutense de Madrid indica que todavía no sabemos cuál es la alteración neuroquímica o electrofisiológica que tienen los pedófilos.
El proyecto Dunkelfeld trabaja con terapias psicológicas y medicamentos que disminuyen considerablemente cualquier deseo sexual, pero esto implica un tratamiento permanente y no asegura éxito en todos los pacientes. En algunos países europeos se aplican terapias como la castración química, por medio de fármacos que inhiben el deseo sexual, pero son cautos en cuanto a resultados.
Esta situación nos lleva a la necesidad de ser mucho más rigurosos en nuestras medidas de prevención y remediales. Los padres deben estar permanentemente alertas a este peligro latente y sus hijos les pueden dar buenas y oportunas señales.
Así como el comercio o los bancos monitorean ciertos puntos clave, así también los centros educativos deberían tener posibilidad de detectar anomalías que puedan ocurrir en su interior. Es importante que se enfatice la acción profesional de la psicóloga educativa en estos centros.

La otra responsabilidad corresponde a la justicia. A diferencia de otros delitos en que la rehabilitación es posible, todavía en este caso no existe esa posibilidad, por lo que se deben generar medidas cautelares que prohíban de por vida que un pedófilo esté en contacto con menores.

Arturo Jofré
[email protected]