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Sarkozy quiere ampliar Consejo de Seguridad

Mandatario galo propone incluir cinco nuevos miembros permanentes

París
EFE

Francia será “el abogado” de Alemania, Japón, Brasil, India y de un país africano para que se conviertan en nuevos miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, prometió ayer el presidente francés, Nicolas Sarkozy.
París “hará todo lo posible” para que estos países se sumen a los cinco miembros permanentes actuales del máximo órgano de las Naciones Unidas (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, China, Rusia), declaró Sarkozy en su primera rueda de prensa del año.
“¿Cómo quieren que funcione así (el Consejo de Seguridad)? Tenemos una organización del siglo XX para el siglo XXI”, recalcó el jefe de Estado.
“No podemos considerar que solucionaremos las grandes cuestiones del planeta sin pedir la opinión de un solo país africano, con mil millones de habitantes, o de ni uno suramericano, con (otros) mil millones de habitantes”, insistió.
Sarkozy explicó que ya ha abordado esta cuestión, que calificó de “sentido común”, con el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, y con el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, entre otros dirigentes.
La ampliación de los asientos permanentes del Consejo de Seguridad a países en vías de desarrollo forma parte de un vasto proyecto de reforma de las Naciones Unidas impulsado por el predecesor de Ban, Kofi Annan.
Por otro lado Sarkozy, aseguró ayer que pretende profundizar en su política de reformas, detalló algunas, aunque pocas y las enmarcó en su “proyecto de civilización” y para dar respuesta a la “impaciencia” de sus compatriotas.
Sarkozy protagonizó una rueda de prensa de más de dos horas muy esperada y concurrida, no sólo porque es la primera de su mandato, sino porque le permitió dejar entrever que se va a casar con la cantante Carla Bruni y, ya en un plano político, explicar su hasta ahora vago concepto de “política de civilización” que quiere impulsar desde 2008.
El año pasado Sarkozy ganó las elecciones presidenciales con la bandera de la ruptura y el cambio frente a sus predecesores y los primeros meses de gestión estuvieron marcados por una serie de medidas de urgencia, sobre todo en materia fiscal y económica. En 2008 la idea es el “proyecto de civilización”, que acuñó durante su mensaje televisado de fin de año y que pudo desarrollar con la tesis de que se trata de poner al individuo en el centro de la acción política.
Sarkozy desearía acabar este año con las 35 horas de trabajo semanales, en su línea de “trabajar más para ganar más” ya que cree que es en esa normativa donde radican gran parte de los problemas de Francia.
“No trabajamos lo suficiente y otros lo hacen más”, dijo el presidente, para quien, al margen de la coyuntura internacional, existen “causas endógenas” que hacen que Francia crezca menos que otros países.
El presidente ha pedido la ayuda de los premios Nobel de Economía Amartya Sen y Joseph Stiglitz para definir, junto a otros expertos, una estrategia para el crecimiento económico que privilegie la calidad.
En otro de sus anuncios, dijo que el Gobierno se plantea la supresión de la publicidad en las cadenas públicas de televisión, que serían financiadas por un impuesto en los ingresos de las cadenas privadas y por otro en los de empresas de tecnologías como acceso a internet y telefonía móvil.
El proyecto pasa también porque en el preámbulo de la Constitución se incluyan normas para garantizar la igualdad entre sexos y el respeto a la diversidad.
La renovación en las Universidades y en la gestión de los hospitales figuran también entre las medidas para 2008, así como empezar una reflexión para hacer más habitable París y su aglomeración urbana, lo que incluye un nuevo urbanismo.
Este último punto pareció un guiño al electorado que en marzo acudirá a votar en los comicios municipales, en especial porque los conservadores quieren recuperar París, ahora gobernada por la izquierda.
Sarkozy se implicará en esa campaña y descartó por el momento la idea de un reajuste en el Gabinete que dirige el primer ministro François Fillon.
Defendió la colaboración con Estados árabes para que cuenten con tecnología nuclear de uso civil, así como la posibilidad de cooperar con Italia y España para la organización de operaciones de expulsión colectiva de inmigrantes irregulares.
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