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Miércoles, 11 de diciembre de 2019



NOTA DE TANO


Saprissa y Herediano son leyendas

Gaetano Pandolfo [email protected] | Sábado 22 diciembre, 2018

En la final del Apertura, jugadores deben hacer honor a sus antecesores. Foto tomada del Facebook del Club Sport Herediano

Entré a la escuela Juan Rudín en 1950 y egresé bachiller del Colegio Los Angeles en 1960.

Primero de la mano de mi papá, Leonardo y en la secundaria en la barra de los compañeros de colegio, me hice fanático del fútbol, una década dominada por el maravilloso Deportivo Saprissa, pero que cerró

el Alajuelense con su tricampeonato de los años 58-59-60.

Sin embargo, se presentó un intruso, otro grande en la ruta de morados y manudos: el Club Sport

Herediano, campeón nacional en 1951-55 y 61. El siguiente título para el Team llegó 17 años

después, en 1978.

Listos y preparados para presenciar el juego final del Apertura entre Saprissa y Herediano, ahora desde

la trinchera de periodista deportivo y no adolescente fanático de la Liga, recuerdo formaciones inolvidables de los dos equipos hoy finalistas, de esas que quedan grabadas en la retina y el corazón para siempre.

El equipazo del Saprissa es leyenda, base de la Selección Nacional bautizada como los Chaparritos de Oro en el Panamericano de México 1956.

Flaco Pérez en la portería; Giovanni, Catato y Alex en defensa; Marvin y Tulio volantes; Herrera, Murillito,

Cuty, Saningo y Rubén, delantera.

Herediano tenía nómina impresionante: porteros Amado Calvo, Cholo Rodríguez y Cholo Campos; en defensa, Colorado Sáenz, Max Villalobos, León Alvarado, Nano Campos; en el mediocampo Negro Esquivel, Edgar Quesada, Rafa Sánchez, Carlos Pantoja y atacando Ibo Arias, Mario

Murillo, Danilo Montero, Marco Ovares, Macho Esquivel, Cuico Bejarano y un refuerzo de super

lujo que fue campeón en el 55, el Maestro Fello Meza.

Saprissa era un dechado de técnica; Herediano garra y pierna; metérsele a jugadores como León Alvarado o Mario Murillo quien también jugaba de defensa, era toda una odisea y sin embargo Alvarito Murillo con su técnica exquisita o Cuty Monge con su endiablada verticalidad de ataque, siempre en fuga y mirando el césped, rompían las tenazas de los fieros zagueros del Team.

A Danilo Montero, don Luis Cartín lo bautizó como “El Príncipe”, por su elegancia, porte y enorme fútbol.

Fueron precisamente Danilo y Edgar “La Culona” Quesada, quizá el mejor volante central en toda la

historia del fútbol costarricense, los dos refuerzos habituales que acompañados de ocho o nueve jugadores del Saprissa, formaron la Selección Nacional en esa década.

Toca el turno mañana, en la final del Apertura y en disputa de un nuevo título nacional, a las nuevas

generaciones de futbolistas de Herediano y Saprissa, hacer honor a la calidad de sus antecesores y

ofrecer un espectáculo digno de tan ilustres jugadores en los dos equipos.


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