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Santa Cruz condiciona diálogo

La Paz/Santa Cruz
EFE

Los dirigentes opositores de la región boliviana de Santa Cruz anunciaron ayer que no dialogarán con el Gobierno de Evo Morales sin la participación de la Iglesia Católica, tras el rechazo del Ejecutivo a la mediación de esta institución.
Tras el referendo de Santa Cruz y la proclamación de un estatuto autonómico que el Gobierno no reconoce, la atención en Bolivia se centra en saber qué ocurrirá con el nuevo llamado al diálogo del presidente Evo Morales para negociar una salida a la crisis que le enfrenta con las regiones opositoras de la llamada “media luna”.
El Gobierno cree que la Iglesia debe permanecer ahora al margen de la crisis porque su máxima autoridad, el cardenal Julio Terrazas, votó el pasado domingo en Santa Cruz en el referendo sobre el estatuto autonómico de este departamento.
La Iglesia, “por voluntad propia, ha dado un paso al costado y corresponde al Gobierno, a los prefectos y a la oposición asumir la responsabilidad directa de gestionar el diálogo”, según declaraciones del ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, recogidas en varios medios.
Por su parte, la Conferencia Episcopal indicó en un comunicado que Terrazas es “un ciudadano boliviano y cruceño” con “el legítimo derecho de ejercitar su voto”, lo que no es incompatible con su responsabilidad al frente de la Iglesia, que “seguirá velando por la unidad y el bien común”.
Desde Santa Cruz, sus representantes entienden que la participación de la institución católica en la búsqueda de soluciones a la crisis es una “cuestión de Estado” y requisito imprescindible para abrir un escenario de concertación nacional.
“Si la Iglesia no va, nosotros no vamos”, dijo ayer a Efe en Santa Cruz el secretario de Autonomías de la Prefectura (Gobernación) regional, Carlos Dabdoub.
Pero además, Santa Cruz ya no reclama al Gobierno diálogo, sino “un acuerdo de reconciliación nacional”, en palabras de Dabdoub.
Agregó que esta región no se opone a la mediación de la Organización de Estados Americanos (OEA), después de que su asesor político Dante Caputo haya reconocido, según Dabdoub, que el movimiento autonomista no es secesionista y no trata de desestabilizar ni a la democracia ni al Gobierno.
De cualquier forma, las posibilidades de diálogo en Bolivia parecen aún lejanas.
En opinión del Gobierno, los prefectos opositores han optado, tras el 4 de mayo, por una línea “más dura”, al retrasar la eventual negociación hasta que se celebren el resto de los referendos autonomistas en Beni, Pando y Tarija.
“Esta decisión es bastante desconsiderada respecto a la sociedad. La ciudadanía está esperando minuto a minuto un desenlace positivo que cancele de una vez el clima de incertidumbre y de aparente confrontación”, advirtió ayer el ministro Quintana.
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