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Lunes 5 Julio, 2010


No cabe duda que la deuda coetánea de BP y del mismo Gobierno norteamericano con la humanidad por permitir implícitamente lo acontecido, es inestimable

Sangra negro el planeta

Tal si fuera una herida en la yugular, se desangra el planeta desde el golfo de México vertiendo sus fluidos en dirección hacia las costas atlánticas de Estados Unidos, con grandes probabilidades de tocar las costas mexicanas y las de Cuba. Desde el 20 de abril, hay un desangre continuo y lo que pareciera ser más sorprendente aún, no son los 140,6 millones de galones de petróleo que hasta el momento se han derramado —según estimaciones del Gobierno estadounidense—, sino el endeble y pasivo actuar a nivel mundial con que se ha tratado el tema.
Según la compañía British Petroleum (BP), se trata de un accidente de ocurrencia con probabilidad mínima y de riesgo máximo; lo que les llevó a considerarlo como una situación casi imposible de enfrentar, sin embargo, aparentemente no se aseguró de que esto fuera así, ya que la fuente de este accidente radica en la supuesta baja inversión en sistemas de seguridad y control de las operaciones en la plataforma Deepwater Horizon; cuya explosión y hundimiento se cobró 11 vidas, esto sin tomar en cuenta el posible efecto multiplicador de largo plazo.
Aquí el problema fue y es de mínimo costo - máximo beneficio. El año pasado según Credit Suisse, la BP reportó ganancias netas de unos $17.234 millones, y los costos en concepto de “compensación” en que incurrirá alcanzan los $23 mil millones, lo cual nos lleva a pensar que, cuánto tiempo más durará en operaciones esta empresa, si cada uno de los intentos por solucionar el problema desde que fue detectado han sido fallidos y algunos consideran que los gastos para paliar la situación por parte de BP no es lo suficiente, además de la baja continua en sus acciones en Wall Street.
Las facilidades otorgadas por el Gobierno de Estados Unidos a las corporaciones y empresas dedicadas a la prospección, ha llevado a su proliferación desregulada de, sujetas a un marco regulatorio flexible y con comodidades de todo tipo, en cuanto al uso de los recursos y dicho sea de paso, la extracción de estos.
No es por menos que, el presidente Barack Obama en su discurso del 15 de junio se refiriera duramente al actuar del departamento gubernamental que en teoría, se encarga de controlar estas entidades que se dedican a este negocio, puesto que dicho departamento, se comporta como un socio, más que como un regulador. No cabe duda que la deuda coetánea de BP y del mismo Gobierno norteamericano con la humanidad por permitir implícitamente lo acontecido, es inestimable, además de revestirse de un carácter intertemporal.
Esto, queda claro en una de las grandes preocupaciones del primer ministro de Gran Bretaña: “Creo que hace a nuestros intereses a largo plazo, definir con claridad todo esto, para no asistir a la destrucción de un negocio que es importante para todos nuestros intereses…”, y supongo que no somos parte de “todos nuestros intereses”.
Es atosigante como el accidente petrolero que se ha convertido en el más catastrófico después del sucedido durante 240 días desde el 3 de junio de 1979 hasta el 24 de marzo de 1980, en el pozo Ixtoc I, por el que se fugaron unos 140 millones de galones en las costas mexicanas; ha sido relegado a un somero plano de discusión, ya que el tiempo pasa, la biodiversidad marina cada vez está más expuesta, los habitantes y negocios aledaños al desastre exhalan ira, impotencia, frustración y temor por las consecuencias ambientales, económicas y en su calidad de vida que acaecerán en el corto, mediano y largo plazo.
Como lo diría Albert Einstein: “Solo existen dos cosas infinitas; el universo y la estupidez humana, y no estoy totalmente seguro de lo primero”.

Alfredo Canales
Economista Agrícola
CINPE