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Jueves, 22 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


San José, perspectiva de una extranjera

Carlos Denton [email protected] | Miércoles 25 abril, 2018


San José, perspectiva de una extranjera

La semana pasada nos visitó una ejecutiva de CID/Gallup Honduras y en su último día decidió tomar el autobús Sabana Cementerio para dar una vuelta por San José, que no conocía. Después confesó que es la primera vez que viaja en autobús en los últimos 20 años.

En conversación telefónica desde Tegucigalpa, después de su regreso, me dijo: “tengo que felicitar a los costarricenses. Tomé el autobús, que estuvo limpio y cómodo, y me bajé cerca de la Plaza de la Cultura. Encontré todo bonito, aseado y ordenado; a la gente sonriente, amable y dispuesta a ayudar con direcciones. Nunca me sentí amenazada; no vi a nadie armado. El clima estuvo fresco y agradable. Llegué de vuelta al hotel en La Sabana a las 9 de la noche. Voy a venir con mi familia de vacaciones para que vea que sí se puede en nuestra región del mundo”.

Como mi columna en La República de la semana pasada trató sobre “el desastre” que es San José —38 personas hicieron comentario en una página de Facebook y todas estuvieron de acuerdo con la posición que tomé en el escrito—, no puedo negar que me quedé con la boca abierta por lo dicho por la catracha.

Pensé de Tegucigalpa, que ostenta un centro histórico (originalmente fue pueblo minero) completo con un teatro nacional, callecitas angostas pintorescas, y mucho potencial turístico. Tiene la capital hondureña un alcalde de mucho empeño, “Tito” (Papi a la orden) Asfura, que es muy popular. Lo que limita su atractivo es una ola de crimen que supera abrumadoramente a la de San José, la falta de agua potable en muchos sectores y la pobreza extrema que no se puede esconder. Está en evidencia en muchos de los barrios establecidos en las colinas que rodean el centro urbano.

Como dijo el filósofo Jean Jacques Rousseau, el ser humano vive en sociedad para obtener la seguridad física. Tanto en San José como en Tegucigalpa esa seguridad se disipa, pero en el primero todavía podemos tener esperanzas de que la autoridad puede controlar la delincuencia. En Honduras lamentablemente con cierta frecuencia han descubierto que la autoridad se ha unido con el hampa para mejor implementar sus esquemas delictivos.

Pero el hecho de que de San José emane una mejor vibra que de Tegucigalpa se podría convertir en “consuelo de tontos”. La verdad es que antes del crecimiento en el tamaño de los autobuses y de la “prohibición de placas” San José era el lugar que tenía los mejores restaurantes del país. Los almacenes de la Avenida Central ofrecían los mejores productos y era el lugar donde trabajaba mucha de la clase media. Ofrecía los mejores cines y librerías.

¿Se podría recapturar eso? Muchas ciudades lo han hecho, pero en las alcaldías de las que mejoraron el alcalde posee real poder; aquí en San José y todos los cantones ese puesto es más bien decorativo, muy bien pagado, pero con poca capacidad legal para con su gestión. ¡Lástima!

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