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Sábado, 17 de noviembre de 2018



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Samurái en el siglo XXI

Nuria Marín [email protected] | Lunes 07 julio, 2008


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Samurái en el siglo XXI


Nuria Marín

Japón es uno de los países con mayor índice de suicidios en el mundo. Anualmente, decenas de miles de personas toman su vida por sus propias manos. Esta tragedia colectiva tiene profundas raíces culturales e históricas, en una sociedad que lejos de cuestionar el suicidio, respeta la decisión y en algunos casos hasta la dignifica amparados al concepto del bien superior de resguardo del honor.

En la Segunda Guerra Mundial esta visión de glorificación del suicidio tuvo su exponente en los kamikases, pilotos japoneses suicidas contra blancos de las potencias aliadas. Las raíces de esta práctica datan de los guerreros samurái quienes consideraban honorable el tomar su vida de cara a la derrota. Decisión por demás inteligente, por las crueles prácticas de los captores.

El componente religioso juega también un factor importante. Mientras que las religiones descendientes de Abraham prohíben el suicidio, el budismo y el sintoísmo que son las confesiones más importantes en Japón, son neutras con respecto a esta práctica.

Para el samurái del siglo XXI el detonante más fuerte es el económico. Una mala situación económica, desde el desempleo a declararse en bancarrota, genera una sensación de fracaso, que puede justificar en aras de preservar el honor, el suicidio. Influye también en algunos casos la posibilidad de cobrar la póliza de vida.

Otro segmento afectado son los niños y jóvenes quienes viven abrumados por un sistema educativo cada vez más competitivo, en donde las limitaciones de acceso y la inexistencia de alternativas (para estos aceptables) pueden inhibir a priori la realización de los sueños y aspiraciones. Pactos suicidas por Internet de jóvenes ha sido la más reciente manifestación al fenómeno.

Dichosamente, el gobierno ha tomado cartas en el asunto. Se han instaurado líneas de atención tipo 911 y se están realizando campañas nacionales contra el suicidio. Igualmente importante, se ha empezado a tomar conciencia de que el tema, además de las raíces culturales mencionadas, puede esconder un serio problema de salud mental.

Al respecto, se ha empezado a trabajar con los empleadores y la población en general para que conozcan la sintomatología y pormenores del estrés y la depresión. Más importante aún, se están dando esfuerzos para que poco a poco se vaya aceptando individual y colectivamente la necesidad de que estos males son enfermedades y como tales deben ser médica y profesionalmente tratados.

A nivel global, la Organización Mundial de la Salud ha manifestado preocupación por el índice de crecimiento del suicidio en el mundo. De acuerdo con sus estadísticas esta es la tercera causa de muerte en el mundo para personas entre 15 y 44 años, un fuerte llamado de atención para las naciones.

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