Salvación del planeta requiere un impuesto alimentario
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 Los debates sobre el cambio climático a menudo abordan el precio de las cosas que dan vueltas y vueltas, como las turbinas generadoras de energía o las ruedas de los autobuses.
Ahí es donde el vínculo que existe con la contaminación climática se hace más evidente: primero el consumo. Luego la rotación. Y al final la emanación.
Eso podría no ser suficiente. Cada año que los niveles globales de dióxido de carbono suben, los países necesitan nuevas formas de reducir las emisiones.
Un nuevo estudio publicado el miércoles en la revista BMC Public Health concluye que el cultivo de alimentos, el origen de cerca de un tercio de la contaminación de dióxido de carbono, también debería ser objeto de impuesto.
La buena noticia es que no se está hablando de una comida saludable.
Los productos que tienen una mayor responsabilidad en materia de emisiones de gases de efecto invernadero a menudo son los menos sanos, especialmente las carnes rojas.
El punto es que, “pequeños cambios incrementales en las dietas de las personas”, con las palabras del autor principal, Adam Briggs, pueden traer reducciones significativas de las emisiones, mejoras en la salud e importantes aumentos de los ingresos fiscales derivados de los impuestos.
No obstante, los investigadores del Reino Unido no se contentan con mantener los compuestos de carbono fuera de la atmósfera. También quieren mantenerlos fuera de su estómago.
En los últimos años, algunos responsables políticos habían comenzado a tratar las reducciones de CO2 como un beneficio adicional de los programas dirigidos más directamente a mejorar la salud de los seres humanos.
Piense en las ciudades de China que están ahogadas en esmog. Se podría decir que la principal motivación para limpiar el aire es que a los residentes urbanos les gusta respirar, pero el beneficio adicional es la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Eso es muy parecido al razonamiento de los autores del estudio británico, y al creciente número de entidades británicas (incluido el prominente centro de estudios Chatam House) que están centrando su atención en el impacto climático de los alimentos.
Lo ideal es una política única que pueda combatir dos objetivos al mismo tiempo: una alimentación poco saludable y el cambio climático. Básicamente, con un ganado bovino y ovino que eructa metano, las cosas ya están bastante mal en todo sentido.


 


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