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Sábado 26 Septiembre, 2009

Saludos y aclaración a Pedro Oller

Hace varias semanas estoy por saludar a don Pedro Oller quien, entendí por lo que se publicó, sufrió algún quebranto. La publicación de su columna —que siempre leo con interés— del 22 de setiembre (¿Quién debería defendernos?) me da la oportunidad de cumplir con algo que venía postergando. ¡Saludes cordiales, don Pedro!
Nadie, por supuesto, está obligado a saberlo todo (aunque a veces, para hablar o escribir de otros sí conviene un poquito de investigación).
Dice don Pedro que “salté de la Defensoría a la Asamblea”. Salto retardado, en todo caso. Cinco años después de salir de la Defensoría ocupé una curul en nombre de un partido político nuevo (con nombre además muy relacionado con el quehacer de la Defensoría), en el que se me invitó a integrar su lista. Ocupé el cargo de diputado siempre inspirado por lo mucho que vi y aprendí en la Defensoría, y sobre eso una vez tuve el agrado de conversar con don Pedro.
“Desde que asumí el cargo” —dice la Columna— “la Defensoría ha venido sufriendo un deterioro funcional sistemático y una pérdida de relevancia notoria”. En noviembre de 1996, al estar por concluir el primer periodo cuatrienal de trabajo de la Defensoría de los Habitantes esta fue catalogada —por los habitantes precisamente, en una encuesta nacional publicada en órganos de prensa— como la entidad —pública y privada— más eficiente y en la que la gente tenía más confiabilidad.
Sigo aprendiendo, don Pedro. En el ejercicio de ambos cargos puse todo mi tiempo, empeño y capacidad. Lo que no se hizo, particularmente en la Defensoría, fue solamente por limitación mía. Cuando quiera seguimos hablando y esta vez, como no tengo ninguna responsabilidad pública, pago yo. ¿En el mismo lugar? Sugiero, eso sí, que hablemos de otras cosas. El mundo es ancho y ajeno.

Rodrigo Alberto Carazo