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Salto al vacío

• Costosa aventura futurista, no sabe aprovechar al máximo un concepto llamativo

“Jumper”
(Jumper)
Dirección: Doug Liman. Reparto: Hayden Christensen, Samuel L. Jackson, Diane Lane, Jamie Bell. Duración: 1.28. Origen: EE.UU. 2008. Calificación: 5.

Con un presupuesto valorado en $85 millones, “Jumper” es una superproducción hollywoodense, concebida para el disfrute de un público juvenil. Aunque no se puede negar su efectividad como espectáculo estandarizado, la cinta no es particularmente ingeniosa ni cautivante.
Se trata de una aventura futurista, rebosante de acción y pulidos efectos especiales, la cual no sabe aprovechar al máximo un concepto llamativo.
El protagonista David Rice es un adolescente, quien descubre tener una insólita facultad: debido a una alteración genética, él puede “teletransportarse”, es decir, viajar en forma instantánea a cualquier lugar del planeta. David utiliza su don para convertirse en millonario, sacando grandes sumas de dinero de las bóvedas de diferentes bancos.
Pronto, el muchacho descubre que existen otras personas como él: se llaman “saltadores” y viven perennemente amenazados por una secta de “paladines”, los cuales han jurado eliminar a cada uno de ellos. Involucrado en una guerra que se inició siglos atrás, el héroe enlaza amistad con Griffin, un saltador inglés, con quien emprende una lucha desesperada por la supervivencia.
Salta a la vista la mediocridad de las actuaciones, a partir de la poco carismática figura central, encarnada por Hayden Christensen. Conocido por su rol de Anakin Skywalker en los episodios dos y tres de “La guerra de las galaxias”, Christensen es un galán de una sola expresión, quien siempre queda debiendo.
Entre peleas acrobáticas y trepidantes persecuciones filmadas en Francia, Italia, Egipto, Japón y otros países, no hay tiempo para aburrirse. El director Doug Liman, cuya filmografía incluye “Identidad desconocida” (The Bourne Identity, 2002) y “Señor y señora Smith” (2005), nunca sobresalió por sutileza u originalidad. Sin embargo, desde el punto de vista técnico, conoce su oficio y procura que el ritmo mantenga su agilidad de principio a fin.
Ello no le impide a la película sufrir un grave desperfecto dramático: la trama es un eterno preámbulo, que culmina en la nada. Conforme se desarrolla, crea expectativas acerca de algo extraordinario y formidable. Ese “algo” nunca se materializa, y todo se resuelve en un gran salto al vacío. El problema se debe a las concesiones de un guion evanescente, basado en una novela de Steven Gould.
Mientras dura, “Jumper” sirve para pasar el tiempo. Al terminar, genera una frustración inevitable, pues parece existir solo en función de sus propias secuelas. Estas podrían concretarse o no, dependiendo de la aceptación popular.

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