Ronda de Doha se juega último chance
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Hoy arranca cita de ministros para tratar de dar empujón a iniciativa
Ronda de Doha se juega último chance

Negociación se mantiene estancada luego de seis años de fracasados intentos

EFE

Ministros de una treintena de países se reunirán a partir de hoy en Ginebra convocados por el director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Pascal Lamy, quien intentar salvar la Ronda de Doha.
Todo indica que llegó el momento de la verdad en estas negociaciones, que ya duran siete años, y que están atrapadas en una inercia de parálisis y pequeños impulsos desde el fracaso de la Conferencia Ministerial de Cancún (México) en 2003.

Estos años han dejado aclarado lo sumamente difícil y complejo que resulta conjugar intereses tan dispares como los de los países industrializados y en desarrollo, pero también los de éstos últimos.
A esa dificultad se suman otras circunstancias que generan incertidumbre, como las próximas elecciones en Estados Unidos, la presidencia francesa de la Unión Europea -París defiende una posición proteccionista en las negociaciones- o el aumento del precio internacional de los alimentos.
La crisis alimentaria agudiza las sensibilidades en las ya delicadas negociaciones agrícolas que, junto a las vinculadas a la liberalización de los mercados industriales y de servicios, forman el corazón de la Ronda de Doha, aunque el paquete que se negocia incluya en realidad una veintena de áreas.
Según las condiciones acordadas cuando se abrieron estas negociaciones en 2001, un eventual acuerdo final debe basarse en el principio del "compromiso único", lo que significa que ningún tema estará formalmente acordado mientras no se alcance un entendimiento sobre el conjunto.
Lamy ha dejado claro que no existe nada que se parezca a "modalidades parciales", en referencia a las cifras que los países deben acordar para definir la rebaja de aranceles en los sectores agrícola e industrial, las excepciones que se permitirán, así como el recorte de las subvenciones a la agricultura en los países ricos.
Los mensajes contradictorios no dan respiro a los observadores y hacen muy difícil saber cuál será la duración de esta reunión, prevista inicialmente para toda la semana, y más aún pronosticar su resultado.
La Unión Europea dice que ha cedido lo máximo posible en las negociaciones agrícolas y ha reclamado un "reequilibrio", de modo que otros socios cedan y compensen al bloque con una apertura significativa de sus mercados industriales.
Los países en desarrollo piden a los Veintisiete que reduzcan sus millonarias subvenciones a la agricultura y abran ese mercado, a lo que los europeos han cedido, pero defendiendo la necesidad de mantener protegidas ciertas categorías de productos que denominan "sensibles".
Por su parte, EE.UU. ha renovado recientemente su compromiso de "concluir exitosamen
te la Ronda de Doha", pero ha lanzado el balón al terreno de "las economías más grandes y de mayor crecimiento" -alusión a países emergentes como China, India y Brasil- para que "realicen contribuciones equivalentes a su creciente participación en la economía mundial".
Las peticiones a Washington se centran en el recorte de sus ayudas a la agricultura, la apertura de ese mercado y la eliminación de sus subvenciones al algodón, a las que se responsabilizan de la caída del precio de esa materia prima.
Este último asunto es muy sensible para los países pobres, especialmente para los africa
nos productores de algodón, que han sufrido directamente la consecuencia de esa política.
En un tercer campo están los países en desarrollo, unidos en algunos temas, pero divididos en otros.
Mientras la gran mayoría tiene interés en exportar sus productos agrícolas al mundo desarrollado, una parte se niega a una apertura drástica de sus mercados industriales por la clara amenaza a las incipientes industrias que algunos de ellos han logrado crear.
Además, algunos como Brasil están dispuestos a una mayor liberalización agrícola, y otros como India defienden su derecho a proteger a sus agricultores más desfavorecidos.
Los llamados "productos tropicales" -dentro de los que se encuentra el explosivo tema del banano- son otra manzana de la discordia en el mundo en desarrollo.
Los latinoamericanos piden una liberalización profunda de ese sector, lo que temen fuertemente los países del grupo Africa, Caribe y Pacífico (ACP) que gozan de preferencias para entrar al mercado europeo, ya que implicaría para ellos perder esa ventaja.
En conclusión, una variedad de cuestiones e intereses difícil de hacer coincidir.



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