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Jueves 9 Mayo, 2013

Los estereotipos negativos son una enfermedad social. Afectan el alcance de metas y la interacción humana


Rompa estereotipos

La mayoría de nosotros no somos conscientes del papel que juegan los estereotipos en nuestro comportamiento/actitudes, nuestras opiniones, ideas, prejuicios. Al ser impuestos por el medio social y cultural y formar parte de nuestro subconsciente, se convierten en pieza indispensable para poder armar el mapa de nuestra realidad como individuos y como seres sociales.
Los estereotipos negativos son una enfermedad social. Su presencia o ausencia causa indiscutiblemente resultados diferentes a nivel de alcance de metas tangibles, pero también a nivel de interacción humana.


Le insto a identificar en qué le afectan los estereotipos al posicionar su propia marca personal o en lo que podrían estar obstaculizando, por ejemplo, el potenciamiento de su empresa.
Hay muchos tipos de estereotipos. Fácilmente reconoceríamos por ejemplo:
-Si los hombres desean quedarse en casa y cuidar de los niños, la sociedad lo reprueba. El que lleva los pantalones en la casa debe ser el hombre. Las canas transmiten menos conocimiento en las mujeres y más experiencia en los hombres.
-En lo que se refiere a las mujeres, cada sociedad maneja códigos de conducta, modestia, castidad y obediencia: las mujeres con poca ropa no tienen cabeza, solo tienen trasero.
-La forma de saludar de las mujeres debe ser enérgica para no mostrar debilidad o poco poder de negociación. Las mujeres tienen que actuar como madres, como amas de casa y auténticas “damas en la calle”.
-Los niños también son víctimas de los estereotipos: deben identificarse con roles sexuales establecidos y no apartarse de este modelo único, aunque eso les implique perder su propia identidad.
-Las empresas tampoco están exentas: “empresas sin ánimo de lucro son percibidas como cálidas-acogedoras, y las que buscan beneficios, como competentes”.
En el entorno laboral, por ejemplo, los estereotipos pueden demandar especial atención de los jefes para intentar neutralizar sus efectos y tratar de sacar el mayor provecho posible de las singularidades de cada uno de los miembros del equipo del trabajo, en procura del crecimiento profesional de los colaboradores y de la eficiencia de las organizaciones. En ocasiones habremos echado a perder una negociación por “culpa” de un estereotipo. Porque nos condujera a discriminación por ejemplo.
Lo peor del caso no es necesariamente haber tirado a la basura todo el esfuerzo que pusimos en esa negociación, sino el no haber descubierto que la verdadera causa de nuestro fracaso en el alcance de ese objetivo, fue precisamente no haber tenido el poder de neutralizar ese estereotipo en el momento que menos debimos haberlo evidenciado o idealmente no haberlo corregido, previo a que nos pasara la factura.
Generalmente los estereotipos nos manejan. Cuando la gente es diferente a nosotros, de forma muchas veces subconsciente y otras no tanto, marcamos su “otredad”/ su diferencia.
Los estereotipos solo se pueden cambiar mediante el razonamiento personal sobre ellos. Como sociedad no debemos premiar los estereotipos que promueven malas actitudes. Debemos educar a nuestros niños, pero también debemos cambiar los prejuicios de las familias de esos niños, de los educadores; de los trabajadores, de los jefes de esos trabajadores… aunque sea necesario aceptar que son una enfermedad social.

Alejandra Esquivel Guzmán

Gerente general, Corporación Álvarez y Marín
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