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Rodríguez Zapatero y América Latina


José Luis Rodríguez Zapatero logró este fin de semana reelegirse como presidente de España, en un proceso que va más allá de las fronteras de ese país con Europa y que concierne estrechamente a América Latina.
Hasta ahora, diversos analistas y medios de comunicación en el mundo han atinado en apuntar los retos internos que tendrá el gobernante.
Su imposibilidad de lograr una mayoría absoluta en el Congreso lo obligará a buscar acuerdos con el opositor Partido Popular para impulsar reformas consideradas prioritarias en ese país en el campo de la educación, infraestructura y migración, así como enfrentar los constantes retos separatistas de algunas regiones, como por ejemplo, el referéndum que este año se pretende realizar en el País Vasco para analizar una posible independencia, acto que Rodríguez Zapatero ha considerado ilegítimo.
Pero más allá de la labor interna, el reelegido gobierno de Rodríguez Zapatero deberá poner mayor atención a sus relaciones con América Latina, las cuales han sido menos notorias que las de sus antecesores Felipe González y José María Aznar.
En sus primeras intervenciones Rodríguez Zapatero ha manifestado que sus relaciones con la región latinoamericana se basarán en dos principios esenciales.
El primero de ellos obedece a la contribución de la estabilidad política mediante la consolidación de las democracias de los países latinoamericanos.
El segundo gran pilar corresponde a la cooperación en los ámbitos económico, social y cultural para —según sus palabras— hacer más ricos los lazos que unen a la región con el país ibérico.
Sin embargo, en momentos en que Centroamérica negocia un acuerdo de Asociación con la Unión Europea, el papel de España como puente entre ambas regiones debería ir más allá de esos preceptos. España está llamado a jugar un papel más protagónico en estas deliberaciones.
Este rol debe aplicarse también para las desgastadas relaciones con el Mercado Común Suramericano.
En ese sentido, la próxima cumbre UE-América Latina, que se celebrará en mayo en Lima, Perú, será un escenario adecuado para delimitar si el reelegido gobierno afinó los planes con la región.
La necesidad de una relación más estrecha entre el continente hispanohablante y la nación europea debe ir mucho más allá de simplemente compartir un idioma y una historia común de conquista.
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