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Robots de cine en la vida diaria
Reem-B camina, tiene la capacidad de agarrar una lata de refresco, es capaz de levantar 14 kilos y crear mapas de su entorno

La convivencia del hombre con robots dotados de “almas de silicio”, en casa, en el colegio o el trabajo ya no es ciencia ficción, sino el presente, y ocurre con el humanoide hispano-emiratí Reem-B, las libélulas holandesas Delfly o el astronauta español Topolino.
El robot creado en Barcelona Reem-B no habla por ahora catalán, pero camina y coge una lata de refresco y ante todo lo que lo hace “único en Europa” es que su “batería dura dos horas”, es “capaz de levantar 14 kilos” y “crear mapas de su entorno”, señaló David Faconti, de la empresa PAL Technology (www.pal-robotics.com).
Con un peso de 60 kilos y una altura de 1,60 metros, este robot —financiado por una empresa abudabí— lo mira a la cara y lo reconoce posteriormente, se mueve con una facilidad “comparable con el nivel japonés” en robótica.
Reem-B, que se asemeja a los famosos R2D2 y C3PO de la película “La guerra de las galaxias”, todavía no puede ayudar en las tareas domésticas pero, según dijo el italiano Faconti, espera que un robot “hijo o nieto (de Reem-B)” lo haga cuando disponga de más autonomía, aspecto clave en robótica.
Y a otro nivel, esta empresa hispano-emiratí está investigando en “robots menos humanoides y más baratos”, en lo que se conoce como la “manipulación móvil, es decir, un robot con ruedas y que desarrolla tareas de riesgo” “en vertidos contaminantes” o que “desactiva bombas”.
Por otro lado, los investigadores de la Delf University of Technology (TU Delft, en neerlandés), el ruso Vladimir Shirokov y los belgas Bart Bruggeman y Bart Remes mostraron a EFE las libélulas robóticas Delfly II y Delfly micro, cuyo diseño se basa en copiar a la naturaleza.
Esa investigación comenzó en 2005 con el primer prototipo de ornitóptero Delfly I, indicó Bart Remes, y su meta académica es “aprender de aerodinámica con todos los prototipos” de Delfly (suma de “Delft”, nombre de la universidad, y “fly”, que significa volar en inglés, de ahí su web: www.delfly.nl).
Por ahora, los tres modelos de Delfly con alas de plástico transparente y estructura de alambre —Delfly I (2005), Delfly II (2006) y su último invento, Delfly micro (2008)— sobrevuelan en lugares cerrados porque, como señaló Remes, son “muy ligeros y pueden tener problemas con el viento”.
La meta que se ha marcado este centro pionero holandés es la de “conseguir robots (con estructura anatómica de libélulas) muy pequeños y ligeros que pasen inadvertidos y graben vídeos” es decir que, por ejemplo, sean perfectos para el espionaje.
La optimización en el peso del prototipo es destacable: de los 22 gramos del Delfly I se pasó a 17 en el Delfly II (con 15 minutos de vuelo) y ahora Delfly micro pesa solo tres gramos y vuela tres minutos con una minicámara que no llega a un gramo.
Por el contrario, el robot español Topolino, creado para viajar a Marte por Javier Baliñas y Diego Salazar, dos jóvenes estudiantes de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid).
El simpático Topolino (que significa ratoncito en italiano) está diseñado, según Salazar, para “coger muestras de vida de Marte, refrigerarlas y traerlas en buenas condiciones a la Tierra”.

Madrid
EFE
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