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Revolución del cohete de SpaceX ilustra poder de la competencia

Bloomberg | Jueves 24 diciembre, 2015 12:00 am



Es una imagen que algún día podría resultar emblemática: un cohete de 14 pisos de altura que, envuelto en una nube de humo y fuego, tocaba el suelo con suavidad en la Zona de Aterrizaje 1 de Cabo Cañaveral, apenas minutos después de cumplir su misión en el espacio.

El suave aterrizaje generó un enorme entusiasmo en SpaceX, el emprendimiento aeroespacial de Elon Musk, y por buenas razones: el exitoso viaje y el regreso de un Falcon 9 era uno de los objetivos más ambiciosos de la compañía. Su resonante éxito del lunes, luego de tres fracasos anteriores, sugiere que el sector espacial podría estar al borde de una revolución.

Durante décadas, llevar cualquier cosa al espacio ha exigido mucho dinero y también su desperdicio. Los cohetes por lo general se consumen luego de cumplir su misión y se precipitan sin ceremonia alguna en el océano para jamás volver a utilizarse. Musk ha comparado el proceso con desechar los aviones luego de cada vuelo. El futuro espacial –tanto cívico como comercial- depende de reducir el precio de esos lanzamientos, y los cohetes por completo reutilizables, estima Musk, podrían significar una enorme reducción del gasto.

Eso podría abrir emocionantes oportunidades de negocios. Como los satélites se han hecho más pequeños y baratos en los últimos años, las compañías los han puesto a trabajar en negocios que van desde agricultura hasta seguros y pronóstico meteorológico. El Falcon 9 que aterrizó esta semana lo hizo luego de depositar 11 satélites en órbita para Orbcomm, que los usa en comunicaciones entre máquinas. Si poner todo ese equipo en órbita se vuelve mucho más barato, como contempla Musk, la economía espacial podría experimentar una verdadera revolución.

De todos modos, aún no es más que una posibilidad. SpaceX tiene muchos desafíos por delante, entre otros demostrar que, después de pasar por un lanzamiento y un aterrizaje, su cohete puede en verdad volver al servicio. Pocas compañías estarán dispuestas a utilizar un cohete de segunda mano para lanzar su valiosa carga si no tienen seguridades al respecto, y muchos de los integrantes del sector espacial se muestran escépticos en ese sentido.

Pero Musk con frecuencia ha refutado a los escépticos, y SpaceX se ha caracterizado por aprovechar la fuerza de la competencia para resolver problemas. En poco más de una década, la compañía ha cambiado la industria aeroespacial, obligado a sus competidores a reducir costos, puesto fin al monopolio de los lanzamientos de seguridad nacional por parte de contratistas y llevado a pares agonizantes a tratar de crear sus propios cohetes reutilizables, y todo ello luego de hablar unas pocas décadas al respecto.

Hasta ha generado una rivalidad fascinante y no demasiado amistosa entre Musk y Jeff Bezos, de Amazon, cuyo emprendimiento aeroespacial logró el mes pasado un cohete suborbital mucho más pequeño. No hace mucho tiempo, la idea de multimillonarios en competencia por la producción de cohetes reutilizables habría parecido una excentricidad.

En definitiva, la actividad espacial, que durante mucho tiempo fue patrimonio de plácidos contratistas gubernamentales, por fin comienza a cosechar los frutos de la competencia y el capitalismo, y las posibilidades son cósmicas.