Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

Enviar
Viernes 6 Marzo, 2015

Definitivamente, una revolución cultural a la tica se está operando ante nuestra esperanzadora mirada


Revolución cultural a la tica

El Teatro Nacional estaba a reventar. No era para menos: La Orquesta Sinfónica Nacional inauguraba su temporada de conciertos regulares del presente año con un programa que, hasta donde yo sepa, no tiene antecedentes en nuestro medio, si bien no es inusual en el ámbito internacional en circunstancias como la que se daban en esa noche memorable del viernes pasado 27 de febrero.
Tres connotados directores que han contribuido con su maestría a hacer grande nuestra Orquesta ejecutaron al frente de la Orquesta un programa de pequeñas obras maestras. G. Brown, I. Hoffman y el actual C. St. Clair tomaron la batuta para regalarnos una noche de ensueño. La Orquesta respondió a lo grande. Pero merecen destacarse como solistas J.A. Castillo al violín (Rimski-Korsakov) y M.L. Meneses en la flauta (Bizet).
El Ministerio de Cultura, al que está adscrita como una dependencia la Orquesta Sinfónica Nacional decidió muy acertadamente celebrar los 75 años de la fundación de esa incomparable institución y, junto a esa efemérides, también evocar, aunque fuese de soslayo, la reorganización (que fue una verdadera refundación) en 1971 por iniciativa de Guido Sáenz.
Fue en el primer año del histórico gobierno del Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia que se fundó la Orquesta.
Fue nombrado como su primer director el maestro argentino Hugo Mariani. Años más tarde, en su último gobierno, con el apoyo de D. Pepe, el viceministro del recién fundado Ministerio de Cultura, Guido Sáenz, dio inicio a una nueva etapa cuyos resultados cada día deslumbran más a un creciente y cultivado público. La ejecución de este visionario proyecto estuvo a cargo del maestro G. Brown.
La mención de estos dos acontecimientos de gran trascendencia en nuestra vida cultural, cuales son la fundación de la Orquesta (1941) por parte del Dr. Calderón Guardia y su reinvención posterior (1971) auspiciada por D. Pepe, no es antojadiza.
No es obra de ninguna casualidad que precisamente hayan sido las dos figuras más influyentes de nuestra historia de los últimos decenios y que los avatares de la política convirtieran en enemigos irreconciliables, quienes como jefes de Estado tomaran esas visionarias decisiones que han hecho que nuestra Orquesta Sinfónica sea hoy un pilar indiscutible de nuestra cultura y un legítimo orgullo de nuestro pueblo.
Lo que la discordia política separó, la belleza del arte reconcilió.
El éxito ha sido tal que hoy hay varias orquestas sinfónicas a lo largo y ancho del país. Y no pocas comunidades cuentan con escuelas y pequeñas orquestas donde se enseña y disfruta de las mejores obras musicales.
Niños y jóvenes de comunidades en riesgo social ven así un rayo de esperanza para lograr su superación… Definitivamente, una revolución cultural a la tica se está operando ante nuestra esperanzadora mirada.

Arnoldo Mora