¡Revancha y liderato!
El capitán Pablo Gabas demostró que el tiempo fuera de las canchas no le quitó su ritmo y de cabeza sentenció el Clásico. Lo celebra con José Salvatierra. www.imagenesencostarica.com/LA REPÚBLICA
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Algunos no querían verlo como una revancha, pero los alajuelenses pueden dormir tranquilos sabiendo que despertarán líderes después de vencer 1-0 a Saprissa con anotación de su capitán, Pablo Gabas.
Los locales impusieron sus condiciones y se dieron a respetar ante su público que no llenó la Catedral, pero alentó y a la vez se desquitó contra Diego Calvo.

Tanto así que el réferi Randall Poveda advirtió que si los insultos hacia Calvo no cesaban, este suspendería el partido. Al final, el jugador le indicó al central que continuara el choque.
Cuando más cerca estuvieron los morados de anotar fue a los 21 minutos. Johnny Acosta escoltaba un balón que parecía salir a la línea de fondo y Colindres audazmente la punteó, Ramírez en solitario se exasperó y lanzó un remate sin ángulo al pecho de Pemberton.
El golpe a la quijada de los morados lo dio Gabas tras tiro de esquina. Luis Miguel Valle corrió la diagonal al primer poste, ganó por las alturas y a partir de ahí se perdieron todas las marcas. Ortiz tomó el rebote en solitario y este sirvió en bandeja de oro a Gabas que la terminó de hundir con su cabeza sobre la línea de meta para el 1-0 al minuto 34’.
El segundo tiempo mostró una cara diferente; más luchado y menos preciso.
Al 66’ el saprissista Dylan Flores salió expulsado con apenas unos segundos en el terreno, ni le dio tiempo de tocar balón.
Lo que sí tocó y de manera artera fue la espinilla de Ortiz, al propiciarle una patada que nos arrugó la cara a los que vimos la entrada sobre el erizo.
Roja, y a las duchas.
A pesar de tener un hombre menos, el campeón no se achicó y casi se saca un truco bajo la manga en el tiempo de alargue.
Machado sacó su resortera en saque de banda y puso el balón a pelearse en el área. Increíblemente este le quedó a Ramírez en solitario, apenas para hincar a los presentes y guardar los platos de la fiesta, pero Pemberton se hizo enorme, repelió el fusilazo con sus reflejos de lince y catapultó al León a la punta del campeonato.

 




 


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