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¿Retrocede el teletrabajo?

Eric Briones Briones redaccion@larepublica.net | Lunes 13 mayo, 2024


EB


Dr. Eric Briones Briones

Doctor y Profesor en Derecho Laboral

El pasado 3 de mayo del año 2024, se llevó a cabo la denominada: “Jornada Iberoamericana Día Internacional del Trabajo” -como propuesta a la celebración del día internacional del trabajo- por parte de la Asociación Iberoamericana del Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social (Guillermo Cabanellas), en donde entre varios temas del derecho laboral, se tocó lo atinente al retroceso o no del teletrabajo, post pandemia. Habiendo, sido esta la pregunta del millón. Es decir, sobre la nueva modalidad -distinta de hacer el trabajo- a la conocida desde hace siglos, la cual se desarrollaba necesariamente por la presencialidad física.

Señala la Argentina, Antonella Marty: “No por nada se insiste en que el progreso humano, la historia de la física y el avance de la innovación han sido un bonito matrimonio inmerso en una profunda, productiva y carnal relación”, pero como todo matrimonio, al inicio requiere de adaptación, aceptación y reacomodo, con sus altos y bajos.

Bueno, precisamente la figura del teletrabajo está en dicho reacomodo y hasta una etapa de negación por varios sectores. En este sentido, una empresa como IBM, ha solicitado a sus directivos, volver a la presencialidad al menos “3 días por semana” y a vivir obligatoriamente, “a menos de 80 kilómetros de sus puestos de trabajo” (https://www.linkedin.com/pulse/vuelta-la-oficina-o-salida-el-teletrabajo-cada-vez-gusta-a4e0f/?utm_source=share&utm_medium=member_android&utm_campaign=share_via); claro, detrás de estas políticas laborales, hay intereses, que, sin la presencialidad, se ven afectados, tales como el alquiler de edificios, el desarrollo comercial, el transporte, etc.

Lo anterior, no es extraño a la historia de la humanidad, en donde ante un cambio de esta envergadura, siempre ha existido oposición férrea. Veamos, algunos ejemplos: el caso del movimiento del siglo XlX, denominado: “ludismo”, que ante la afectación de la mano de obra humana, provocada por la revolución industrial, se empezaron a destruir las máquinas; o el del movimiento en contra de la electricidad, consecuencia que sacaba del mercado a la industria de las velas y del canfín; o cuando, el científico inglés, Edward Jenner, descubrió la vacuna contra la viruela, se pensó por parte de la comunidad médica del siglo XVlll: “los inoculados podrían convertirse lentamente en ganado vacuno”; o cuando, el físico Jacob Perkins -encontró resistencia de algunos sectores religiosos- al diseñar el inicio de las neveras, para la conservación de los alimentos, se le endilgó: “ya saben cómo fabricar hielo y eso es meterse en el terreno de Dios. Ahora van a llevar su irreverente blasfemia hasta el extremo de fabricar sangre”. Igual le sucedió a Alessandro Volta, al descubrir un hidrocarburo gaseoso, que más tarde, daría paso a la batería eléctrica, pues tocaba intereses de ciertos sectores.

No obstante, como lo dijo el filósofo español, Jorge Ruiz de Santayana: “El que no conoce su historia, está condenado a repetirla”, y esto, le ha pasado a aquellos que no se han preocupado por adaptarse a las demandas de las nuevas generaciones, que no quieren interrelacionarse con las nuevas tecnologías, como le pasó a la empresa mundial, “kodak”, o como, está sucediendo con la industria discográfica, en donde Spotify, las está postrando; Netflix, a los videoclubes y que la gente vaya menos gente a los cines; los email, a los carteros; Booking a las agencias de turismo; Google al 1113 y a las páginas amarillas; las plataformas de transporte de personas a los taxistas; Airbnb a los hoteles y así, se pueden mencionar, muchos ejemplos, en esta era vertiginosa de los cambios.

Entonces, el teletrabajo, no está retrocediendo (según conclusión de la Jornada Iberoamericana), lo que pasa -como se ha indicado con ejemplos de la historia mundial- es que encuentra algunos obstáculos, propios de las mentes conservadoras y defensoras, lógicamente de sus propios intereses, como se ha dado en todas las etapas de la humanidad, ante nuevos paradigmas. Conservadores que sienten pereza de aprender nuevas cosas o a mutarse, lo que les significa transformarse y evolucionar hacia las nuevas modalidades que regulan el mercado laboral internacional.

Pero, no obstante, no cabe la menor duda, que el mismo avanza como nueva alternativa de realizar el trabajo, dentro de un nuevo concepto de las relaciones laborales, tanto públicas como privadas. Los que, hasta ahora, se oponen y provocan un cierto “impasse”, un freno al carro del desarrollo, e inclusive una duda del progreso, no han entendido, que ya no se debe pensar, tanto en la construcción de “moles de cemento”, como sí, en la infraestructura y robustecimiento técnico/científico de los procesos empresariales; en la democratización estatal, llevando y desarrollando tecnologías de punta, en todas las zonas del país. Esto es la nueva realidad del mundo laboral, quien no se suba al carro del presente y del futuro, se quedará rezagado y se extinguirá.











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