Nuria Marín

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Lunes 22 Septiembre, 2008

Creciendo [email protected]
Retos en política exterior de EE.UU.

Nuria Marín
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El futuro presidente de Estados Unidos y el Congreso resultante de las elecciones de noviembre, enfrentarán un mundo de viejos y nuevos desafíos, y una comunidad internacional ansiosa de un giro en la política exterior de ese poderoso país. Entre otros,

Enfoque multilateral:
El acontecer mundial es complejo y demandante, le urgen el diálogo, cooperación y responsabilidad compartida de las naciones. Es evidente la evolución de la administración Bush, del enfoque unilateral y preventivo (2003), a uno de mayor colaboración como lo demuestran las actuaciones y decisiones en temas como Corea del Norte e Irán. Esperamos mayores cambios del próximo gobierno.

Fortalecimiento de las instituciones y del derecho internacional:
Para el mantenimiento de la paz y seguridad internacional la mejor receta es la renovación y fortalecimiento de las Naciones Unidas. La estructura de las Naciones Unidas, generada a la luz y en el contexto de 1945 debe ser relanzada considerando otros actores (ej. Alemania, Japón, India, Brasil) y el nuevo escenario mundial. La ONU debe recuperar su condición de liderazgo como foro de discusión y decisión por excelencia, así como ser el generador y defensor del derecho internacional como piedra angular en el concierto de las naciones.

Nuevo balance entre poder blando y uso de la fuerza:
El uso de la fuerza militar debe ser el último de los recursos, y su uso debe ser comedido, prudente, y legítimo. Es bienvenido aunque tardío el cambio en la Estrategia de Defensa Nacional que anunció el Pentágono (Ministerio de Defensa), basado en un mayor énfasis en el uso de la diplomacia, cooperación, acción conjunta y la ayuda internacional (poder blando) como ejes necesarios para el liderazgo sostenible de Estados Unidos en el mundo.

Nuevo balance entre derechos individuales y seguridad:
En octubre de 2001 la magistrada de la Corte Suprema de Estados Unidos, Sandra Day O'Connor lamentablemente predecía con gran acierto, que Estados Unidos en su afán por obtener seguridad haría un giro negativo al experimentar un mayor número de restricciones en las libertades y derechos individuales. Leyes como la Patriot I y II son ejemplo de ello al otorgar mayores poderes al gobierno de detención y vigilancia, en algunos casos incluso sin mayor requisito judicial, sin demostración previa de sospecha ni necesidad de orden ni comunicación oficial. Ni que decir del tratamiento de los detenidos en la base de Guantánamo, violación de derechos incluso reconocida por la Corte Suprema de Justicia y tribunales federales. Sin lugar a dudas, Estados Unidos requiere un nuevo balance en ese tema.