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Retos en educación


El sistema educativo, que por décadas fue uno de los baluartes para la construcción de la Costa Rica actual, requiere ahora un nuevo empuje que le permita ser la piedra para la base de un mejor país en el futuro.
El sector había entrado en un hoyo negro en los últimos años debido al poco apoyo estatal para la formación de los profesionales que las condiciones actuales del mundo exigen.
Se han venido tomando algunas medidas para sacarlo de este agujero. Se incrementó el porcentaje de recursos como parte del Producto Interno Bruto y se han empezado a promover reformas para por fin integrar las necesidades empresariales con los esquemas de enseñanza.
Pero se requiere más.
Comparar nuestro sistema educativo con países del primer mundo es más una quimera por la cual debemos luchar que algo real que pueda efectuarse actualmente.
En esas naciones los grupos no sobrepasan los 25 estudiantes. Aquí, un solo maestro o profesor debe lidiar con 30 ó 40 alumnos, una tarea desgastante que genera un efecto inmediato de reducción en el nivel de producción educador/alumno.
Mientras en naciones como Finlandia la proporción de estudiantes es de 13 por cada educador, en Costa Rica esa razón se duplica.
Asimismo, aunque en el país se garantiza constitucionalmente el derecho a una educación gratuita, obligatoria y costeada por el Estado, esto ha pasado a convertirse más en un simple enunciado que en la práctica no se da.
Muchas son las escuelas que aún efectúan los cobros “voluntarios” casi como requisito indispensable para garantizar la matrícula. La ayuda para la obtención de útiles escolares y libros de texto sigue siendo escasa y en muchas escuelas y colegios aún se sigue careciendo de materiales e infraestructura para un proceso de aprendizaje adecuado.
La actual administración ha dado algunos pasos. El Programa Avancemos ha venido a dar un respiro a muchos estudiantes de pocos recursos para garantizar el acceso a la educación y a la vez responder a la obligatoriedad que la Constitución exige.
Pero se necesita más. Solo así podremos garantizar que el país esté mejor preparado para las vicisitudes del futuro, que la sociedad tenga una mayor estabilidad y sea más justa, y que sus integrantes puedan afrontar de mejor manera las exigencias de un mundo cada vez más globalizado.
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