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Jueves 7 Febrero, 2013

Se evita enfrentar temas de realidad nacional como la corrupción, que cada día hace que se sumen más adeptos a las filas de apatía del sistema político costarricense


Reto evadido

En el contexto histórico de una democracia como la nuestra: estable, creíble, vigente; el salto cualitativo y cuantitativo que se ha venido dando en las últimas elecciones en la tasa de abstencionismo debería estar ocupando desde ya a analistas políticos, académicos, sociólogos, estrategas de los diferentes partidos, a usted y a mí.
La tasa histórica del abstencionismo costarricense dejó atrás el promedio del 18% desde 1998. En su momento no se prestó atención a este fenómeno por considerarse una especie de tasa natural. Este escenario se ha expandido a nivel internacional, pero nuestra democracia merece que nos informemos y desarrollemos criterio sobre el tema.
Cada votante puede tener una historia electoral heterogénea e incluso cruzada.
Hay quienes pudieron no haber votado en el pasado por un asunto estructural (por vejez y enfermedad por ejemplo, señal de alerta para un país cuya población está envejeciendo).
Quienes no votan por formar parte históricamente de sectores excluidos (juega un papel central el nivel socioeconómico y educativo). Quienes consideran que la política es “sucia y corrupta” y no votan como protesta. Quienes no se identifican con un color político ni sienten que le “deban” lealtad a ningún partido por cuanto no tienen memoria de la historia (los jóvenes, por ejemplo, no recordamos el conflicto de 1948).
Mi opinión: se requiere la búsqueda de soluciones válidas.
La ciudadanía debe exigir singular rigor técnico en el análisis y propuestas para subsanar esta problemática. Este reto debe ser asumido por líderes capaces de articular el esfuerzo conjunto de los partidos, organismos electorales, los poderes del Estado, el TSE y los medios de comunicación.
Cuando la campaña caliente, la euforia de los seguidores y partícipes de la política opacará un abstencionismo que sigue estando latente y, nuevamente, se dejará el tema en un segundo plano. Así como quedan atrás muchas promesas de campaña cada vez que un nuevo gobierno asume el poder. Tal como se evita enfrentar temas de realidad nacional como la corrupción, que cada día hace que se sumen más adeptos a las filas de apatía del sistema político costarricense y aun así, las autoridades nacionales siguen cubriendo las heridas en lugar de “meter de una vez y por todas” el dedo en la llaga y proponer soluciones que le resulten tangibles al pueblo.
No accedamos a que el abstencionismo se convierta en una variable exógena de los procesos electorales ni se consolide como indiferente al sistema político ni al ciudadano costarricense.
Para mí, el porcentaje creciente de electores que no votan, e incluso que votan nulo, dependiendo de la tasa que pudiera llegar a alcanzar (definición cuestionable pero necesaria), sentaría las bases para debatir no solo sobre representatividad sino legitimidad de quienes resulten electos. No sé si el futuro gobierno se sienta cómodo con una tasa del 34,6%, como la que se dio en 2006. Lo que creo es que no se están atacando seriamente las causas de fondo de este fenómeno y que pocos están dispuestos a mitigar el riesgo que para nuestro sistema puede implicar una amplificación del abstencionismo.

Alejandra Esquivel Guzmán
Gerente general
Corporación Álvarez y Marín
[email protected]