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Jueves 8 Abril, 2010


Responsabilidad personal en la administración


Con el advenimiento de la crisis económica mundial, las circunstancias difíciles favorecen que salgan a flote recursos escondidos en el interior de cada persona.
Una de las recomendaciones de la reciente Encíclica de Benedicto XVI nos llama a purificar la relación entre caridad y justicia, sin separar el ejercicio de estas dos virtudes. Tanto en el orden de las ideas como en el de los comportamientos, tenemos que estar claros, que no solo no se pueden olvidar o debilitar los principios tradicionales de la ética social, como la transparencia, la honradez y la responsabilidad, sino que, en las relaciones mercantiles, el principio de gratuidad y la lógica del don, como expresiones de fraternidad, pueden y deben tener espacio en la actividad económica ordinaria. Esto es una exigencia de cualesquiera personas en el momento actual, pero también de la razón económica misma. Una exigencia de la caridad y de la verdad al mismo tiempo.
Dentro del concepto de autoridad tenemos dos posibilidades que se dan normalmente: la autoridad formal que es aquella que cumple los requisitos formales y cumple los requerimientos administrativos y burocráticos, y la autoridad real cual es aquella que se gana el respeto y puede hacer que las cosas se ejecuten al margen de las formalidades.
Y en una ocasión, San Josemaría Escrivá de Balaguer, ante la pregunta acerca de la primera virtud que debería cultivar un empresario, su respuesta inmediata fue la siguiente: “la caridad, porque con la justicia sola no se llega (...). Trata siempre con justicia a la gente y déjate llevar un poco del corazón (...). Haz lo que puedas por los demás, por medio de tu trabajo. Y vive, con la justicia, la caridad. La justicia sola es una cosa seca; quedan muchos espacios sin llenar”.
La crisis actual desnuda la soberbia, la codicia y la avaricia de todo un pensamiento económico que se erigió y accionó como el dios de la humanidad, que les daría felicidad, poder y gloria a los seres humanos, a las empresas, gobiernos y partidos políticos que siguieran sus lineamientos, haciendo de la publicidad y el mercadeo de esta hipótesis, toda una insigne herramienta de trabajo dentro del más puro y competente profesionalismo, que logró embaucar a la humanidad en un ruta que ha sido la mayor muestra de cinismo, desvergüenza y brutalidad depredadora de los principios y valores del ser humano.
La violencia a la que ha sido direccionada la humanidad producto de estas acciones de los sicarios económicos que nos han llevado a esta crisis, apenas ha comenzado, y las mentiras, engaños y falsas recuperaciones en que insisten estos elementos servidores de los mafiosos de la economía, harán que las reacciones de la ciudadanía sean todavía más violentas, como respuesta al sometimiento, cruel y brutal, a que ha sido llevada la humanidad por esta serie de gánsteres, amantes de la economía del capitalismo salvaje.
El paro laboral es hoy la verdadera pandemia de nuestros días y no la gripe porcina, como nos quieren hacer creer cada día, metiéndonos nuevamente dentro del sistema económico humanamente depredador.

Juan Francisco Montealegre Martín

Ex presidente ejecutivo de Japdeva