Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 21 Noviembre, 2012

Para varios sectores del estamento político la tentación autoritaria ronda fuerte. Lo cual significa que si no en esta, volverá por sus fueros para intentar en cualquier momento, un nuevo zarpazo a la estabilidad y la solidez democrática


Hablando Claro

Reservas democráticas

Los asuntos realmente sustantivos en la vida de los pueblos, como de las personas, nunca se presentan en blanco y negro. Por el contrario, a mayor complejidad, usualmente, mayores matices. Por ello hemos vivido en el país en las últimas horas, la paradójica circunstancia de resistir la afrenta de la mayoría legislativa con las mejores reservas morales de nuestros genes democráticos, para hacernos sentir —como cuerpo social— más vivos que nunca; y recordarnos a nosotros mismos que la democracia es un bosque delicado lleno de ecosistemas muy variados y que, allí cuando uno de sus reservorios se descompone, existen formas de depuración. Porque dichosamente el contrato social —aunque manoseado por algunos de los miembros de la clase política— es suficientemente sólido aún como para sostener la institucionalidad que nutre.
Por supuesto, lo anterior no significa de ninguna manera que en la tierra paz y en el cielo gloria, aquí no ha pasado nada por el hecho de que la Sala Constitucional haya enderezado —a instancias del incuestionable buen hacer del diputado Luis Fishman— el oprobioso rechazo a la reelección del Dr. Fernando Cruz Castro.
En el sinuoso camino de este amargo trance, hemos sido notificados formalmente que una parte nada despreciable de la clase política que detenta el poder ya perdió el último resquicio de sus escrúpulos para, si acaso, guardar las formas.
Estamos avisados que para varios sectores del estamento político la tentación autoritaria ronda fuerte. Lo cual significa que si no en esta, volverá por sus fueros para intentar en cualquier momento, un nuevo zarpazo a la estabilidad y la solidez democrática.
De este mal momento, sin embargo, yo me inclino por rescatar lo positivo que ha sido constatar que con ciudadanos de la estatura moral de don Fernando y de muchísimos más que tuvieron claridad no solo para externarle su apoyo, sino para aquilatar y salir a defender el fuste del andamiaje institucional que nos protege. Y con ello recordarnos que somos todos depositarios en mayor o menor medida de esta herencia recibida.
Porque como bien nos lo apuntó el señor Magistrado en estos días, nuestra Constitución Política fue amalgamada “por costarricenses destacados y anónimos que nos heredaron un país singular… un país que con ligereza se dice que es ingobernable, pero cuya ingobernabilidad quizás provenga (de la desatención a) los valores y tradiciones que se gestaron lentamente y que exigen convencimientos y no consignas”.
Existen por tanto, enormes desafíos éticos que tenemos que resolver en el contexto de la compleja crisis que afecta nuestra convivencia. De modo que en los próximos días —ojalá que con la misma serena actitud que nos ha transmitido el Dr. Cruz— habremos de seguir derivando lecciones de este intento de mancillar nuestras fibras democráticas más sensibles.
En este ejercicio, será inevitable también —como ya lo es— medir en su justa dimensión las voces que se alzaron. Y particularmente los terribles gritos de los silencios que se desnudaron.

Vilma Ibarra