Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 4 Julio, 2016

DISYUNTIVAS

Resentimiento e indiferencia

Resentido Caín mata a Abel. Y con indiferencia reclama no ser guardián de su hermano.
Resentimiento e indiferencia no son sentimientos nuevos. Forman un círculo vicioso: quienes tienen éxito pretenden aislarse sin responsabilidad ante quienes se sienten perdedores, y los perdedores consideran que su situación la causan los ganadores cuyo progreso envidian.


Hoy resentimiento e indiferencia engendran desconcierto y violencia. Y por su predominio sufre la racionalidad.
En el Reino Unido ambos sentimientos llevan a una mayoría a escoger en contra de sus propios intereses votando a favor del Brexit.
Surge ese voto de muchas circunstancias. De la indiferencia de los exitosos frente a los perdedores de la Gran Recesión. Del miedo a la globalización, a lo externo y diferente. De medios de comunicación y de populistas demagogos que promueven odio y temor ante los inmigrantes. Del desprestigio de los partidos de centro (más racionales y menos emotivos) ante las complejas demandas de la ciudadanía a los gobiernos, el acelerado cambio tecnológico y la inmediatez de la comunicación. De la enmarañada burocracia europea. De la desconfianza en políticos y expertos.
De manera similar resentimiento e indiferencia dan fuerza al populismo nacionalista que casi gana los comicios presidenciales en Austria, que en Francia encabeza las encuestas y que pretende en varias naciones forzar referendos parecidos al británico.
En los Estados Unidos condiciones parecidas hacen a Trump candidato presidencial del Partido Republicano.
En América Latina tiene un origen parecido el renacer populista que se da en nuestro siglo (Chavismo, Kirchnerismo, Orteguismo, etc.).
Y en nuestro país esas causas dan vida al ensayo de un cambio que nadie ni conoce, ni puede hacer operativo.
¿Se ha acabado el campo para la racionalidad, la tolerancia, la moderación, los partidos demócrata-liberales sean de centro izquierda o de centro derecha?
No creo. No creo que estemos camino a renunciar al pensamiento científico, crítico, basado en resultados y no en pasión y dogma que venimos desarrollando en Occidente desde el Renacimiento.
Desde “la muerte de las ideologías” estamos tratando de aprender que ese pensamiento racional sea abierto y tolerante, humilde y abierto al progreso por prueba y error. En ese camino debemos perseverar quienes estamos convencidos de las ventajas de la democracia liberal. Pero ello no es suficiente, como lo demuestran los populismos que nos agobian.
Ahora, para vencer la indiferencia y el resentimiento, nuestro pensamiento debe renovarse, ser más humanista, ser cristiano sustentado en el amor al prójimo y comprometido realmente con el bien común.
Quien se guía por el amor a sus semejantes y la búsqueda de instituciones que promuevan creación de oportunidades para los más débiles, no puede ser indiferente ante las angustias ajenas.
No surge el resentimiento cuando nos unimos en un esfuerzo compartido.
Los moderados debemos redefinir nuestro mensaje de manera que luzca menos cerebral y economicista, y atraiga las emociones por su pasión en el compromiso en favor de nuestros semejantes. Solo así podremos ser prácticos y salvar la racionalidad pragmática del embate de irracionales populismos.

Miguel A. Rodríguez